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Un poco más «normal»

Malditos Pendejos en su actuación de este viernes en La Room vistos por una miope; o sea, yo misma (Marta Corral)

M. CORRAL | Ferrol | Sábado 4 julio 2020 | 15:36

Este viernes abrieron sus puertas los locales de ocio nocturno y todo parece un poco más normal en esta distopía bautizada como nueva normalidad. A pesar del fresco costaba encontrar un sitio en las terrazas de Ferrol para picar algo y contribuir a que la hostelería siga cogiendo fuerza.

Camareros afanados en cumplir con las comandas siguiendo con todas las medidas de seguridad: mascarillas, gel, distancia y cartas de usar y tirar. Menos mal que el sabor del mencía y los chipirones continúa siendo el mismo. Una ubicación necesaria ésta, bendita bajada a la tierra.

De O Galo apuré el paso a La Room. La sala de la calle del Sol reabrió haciendo una oda a la cultura: con teatro y música en directo por los que pagué gustosa sendas entradas. Un aforo reducido a 60 personas que antes de entrar dieron su nombre y su teléfono.

Maxi López, uno de los responsables de la sala, acomoda a los asistentes —mascarillas mediantes—, constatando que se cumplen las distancias entre grupos y dando las últimas instrucciones: prohibido bailar, lo más doloroso de escuchar para una servidora.

Y ahí estuvimos todos sentados, bajándonos la mascarilla solo para darle un sorbo al cubata. Mirándonos de reojo, chocando codos conscientes del nivel de conachada que supone el gestito (necesario, no diré lo contrario) y esperando poder tachar uno de los deseos de nuestra lista de confinamiento.

Empezaron Helga Méndez y Adelaida Abad, Maquinarias Teatro, con Isto tráeme recordos dos meus vermes de seda. Estar sentados con ellas en el parque durante un rato ayudó a olvidar que solo se nos veía reír con los ojos. ¿Qué sentirían las actrices mirando a un público con la mitad de la cara tapada?

Cristina Mariño y Frankie Muíño subieron a la tarima después para contar su Desescalada hacia la fama y poner en escena al mismísimo Fernando Simón, haciendo una revisión de los tópicos y las fases que nos han acompañado durante las semanas de confinamiento. Podría resumir el espectáculo con una sola palabra: carcajadas.

Toni Torres y Octavio Araújo, Malditos Pendejos, preparaban la maquinaria mientras la sala se vació para su desinfección. De nuevo nombres y teléfonos en la puerta, acomodo con distancia y, al fin, música en directo. Los clásicos de siempre que sonaron como nunca en este ansiado rebautizo concertil. Incluso Ferrol, el himno que da pereza desde hace una década menos cuando lo escuchas del puente de As Pías para abajo, logró emocionarme.

Otra de las notas positivas de llevar mascarilla de la que he sido consciente anoche—siempre hay que quedarse con el lado bueno de las cosas— es que amortigua la voz cuando canto y mis allegados lo han agradecido al borde de las lágrimas. Bienvenidos sean los bares y las gentes que, cumpliendo con los protocolos, los visitan cada noche. Salud.

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