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Un selfie muy ferrolano

La marcha por el naval de Ferrol a su paso por el Casino (foto: Raúl Salgado)
La marcha por el naval de Ferrol a su paso por el Casino (foto: Raúl Salgado)

RAÚL SALGADO | @raulsalgado | Ferrol | Martes 8 abril 2014 | 16:36

Un día cualquiera no sabes qué Ferrol es, te acuestas a mi lado sin saber por qué está así la ciudad. Las calles mojadas han visto crecer los baches y tú en tu corazón estás llorando otra vez por verlo todo así. Fenómeno autofoto: pulsa en la pantalla, gira el objetivo y deja que la cámara nos retrate. Rincón privilegiado custodiado por una cadena de orilla a orilla de su estrecha bocana.

Da igual el dibujo que perfiles si el lienzo pertenece a alguien poderoso. Nada se ve igual si lo saca un medio de comunicación, qué decir si es de alcance nacional. No faltan retratos de la derrota, verjas bajadas y ruinas al aire. Caras de frustración. Sin embargo, afloran llenándose de razón los que más tendrían que callar.

Esta no es una ciudad conflictiva, que te quede claro de una vez. Pero nada hacemos por sacudirnos el polvo del camino e impedir que vengan otros a decirnos cómo somos. Es más, avivamos el fuego y nos llenamos la boca con el “todos se van”. Pues no, por Dios, no se van todos. Y no tiene que dar vergüenza quedarse o tener que volver.

Siempre habrá alguien dispuesto a vender lo que sea con tal de marcharse; por suerte, también los que optan por no hacerlo, porque este sitio vale tanto como cualquier otro. Sinceramente, estoy harto de lamentos, pero casi tanto de los reprimidos. De los que exhiben falsos efluvios de cosmopolita cuando, en realidad, no ven el momento de hacer la maleta… pero no pueden o no deben.

Pero, amiga, son los que menos tienen que ofrecer los que más hablan. Por debajo de las piedras. La revolución desde el sofá, la crítica facilona que expira cuando se recibe una palmadita en la espalda de alguien con galones. Edificios en ruinas y bajos cerrados, sí, pero emprendedores que encaran luchas titánicas y arriman el hombro tampoco escasean.

Otra cosa es que no reciban ayuda o, peor, que no los queramos ver. Nadie quiere el pasado, no es desde luego mi caso. Queremos ojos veraces, porque hay quien no se entera de que algunos pasan necesidades. Las luces siguen apagadas para los que optan por la penumbra como solución ante el brillo cegador de la penuria.

Una manifestación comarcal pasa ante el Casino. Las dos Españas, los dos Ferroles. El impasible, el que intenta rebelarse. Apartemos el foco de los dichosos cascotes e instemos al obrero a que los ajuste a la fachada. Trabajemos por lo nuestro. Si no, difícilmente nos tomarán en serio más allá del telón de As Pías.

Aparta de mí lo asquerosamente auténtico, pero parcial y sesgado. Evítame el asombro al comprobar que, en ocasiones, hay vida inteligente a ciertas horas y en ciertas esquinas de esta departamental. Yo no me avergüenzo de Ferrol Vello, prefiero no pensar en el postureo de los del “qué verán mis hijos”. Pues, sintiéndolo, les diría que se marchen de una vez y dejen de sacar la lengua al rellano en versión bajo coste. Y bajo nivel.

Cierra la boca al que te proponga como única sugerencia turística el “márchate por peligro de derrumbe”. Me agarro a las Meninas, a la Ruta de la Construcción Naval, a castillos y carreteras sin salida conocida. Y no, no soy imaginativo ni romántico a estas alturas del cuento. Desconfía del que no te recomiende San Jorge en pleno invierno, el Meirás en hora punta o la taza de café en donde ahora atrapo tu sonrisa.

Venga, guarda ese selfie a golpe de terraza del Bla Bla, del paseo de Doniños o de un baile supuestamente selecto en el Montón o Cabanas. Que suba la marea y lo hipster llene la radio del coche. Una moneda al vacío desde Caaveiro, un viaje sin retorno a los confines de As Fragas do Eume. Acumula recuerdos, vinilos, faldas, bufandas y camisas.

Sigue pensando en el trozo de pizza de Tops, las partidas en Tivoli o los que vemos entrar en el solarium de la calle Real. Ama por encima de todo a los surferos y surferas de tu clase, a compañeros y amigos desde el primer día y las dulces esperas en Zara.

Observa desde Armas cómo otra manifestación pide lo merecido, no evites la mirada si la antigua Pepe Jeans ha reabierto como tienda de saldos y guía tu tiempo por la cruz verde de Punín.

La marcha por el naval de Ferrol a su paso por el Casino (foto: Raúl Salgado)

La marcha por el naval de Ferrol a su paso por el Casino (foto: Raúl Salgado)

Cuando los días sean todavía más largos, nos acostumbraremos a la arena y al sol, al agua que tiembla y a las Ray-Ban con sombrero de vividor. Explotaré mi vena más dulce y te deleitaré con los capuchones de Gascón -naranjas-; esos zapatos irresistibles se posarán en tus pies delicados, el helado de Ramos se convertirá en moneda de cambio y encontrar aparcamiento o una simple silla en días grandes merecerá presea.

Concretaremos agenda de conciertos, las Hunter hallarán utilidad en Equiocio y en el ascenso del Racing brincaremos a ritmo de Bulería. Todos tenemos un mal día. Gómez Noya incita al honroso madrugón en el mismo punto en el que criticar es gratis, censurar la falta de respuesta ante ideas peregrinas es demasiado común y perder el tiempo en mirar por encima del hombro alcanza el rango de deporte.

Qué más nos dará, ¿verdad? A ti y a mí no, al menos. Abarrotamos Odeón y renovamos concursos de telerrealidad, abrimos informativos solo si hay sucesos o noticias amables o consentidas. La tableta de doble cara. Suéltalo, di lo que piensas del sitio de tu recreo.

Para los pies al que te dice qué es ser ferrolano y qué tonalidad de tristeza has de poner para cumplir con el tópico. Mantén tus creencias, no te dejes llevar. Disfruta del ambiente por encima de prejuicios y miedos, vivamos el momento.

Tampoco tengas miedo a retirar el velo cuando ya te oprima demasiado y quieras divisar más allá. No reniegues de Limones, pero aprende de los que han venido y están llegando, no te quedes atrás. Graba, haz fotos, archiva en tu disco duro todo lo que abraza de norte a sur de la comarca.

Vive el lujo de estar aquí. Vacía tu agenda, improvisa y espera al momento; podrás entregarte entonces y contemplar a tu antojo cómo las grúas sobreviven al paso de los años. A las embestidas Marca Madrid, frente a frente con la sed de venganza y apropiación.

En todos los mundos imaginados hay moscas impertinentes; aquí se dedican a decir qué debacle se encontrará el Príncipe de Asturias en junio, en lugar de pensar que puede ser una oportunidad dorada. Quedan valientes dispuestos a repoblar tierra y aire con olor ferrolano, encender alumbrado y rejuvenecer el paseo.

Apagada la cámara, me asomo a la ventana, eres el Ferrol de hoy. El de mañana. Demasiado tarde para comprender. Mi cabeza daba vueltas persiguiéndote, para qué dejar de girar si a tu lado quiero quedarme. A tu lado está mi hogar, donde se acaba el mar.

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