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Una ruta por la otra Ortigueira

Ruta a los acantilados de Loiba, en Ortigueira (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Ruta a los acantilados de Loiba, en Ortigueira (foto: Mero Barral / Ferrol360)

RAÚL SALGADO / MERO BARRAL | Ortigueira | Sábado 9 febrero 2019 | 00:00

Ortigueira es estallido en julio. El Festival do Mundo Celta alumbra un cóctel de culturas que no entiende de edad, raza o procedencia. Las calles y el largo paseo costero de Santa Marta no saben lo que es un metro cuadrado vacío. Con brazos abiertos, los nativos reciben alegría visitante.

Aunque parezca difícil si se tiene en cuenta que la calma domina el resto del calendario. Su trazado más urbano, teñido de historia y elegancia, tiene otro latido más allá de la casa consistorial, su antiguo conjunto conventual y el entramado de vías estrechas que le dan categoría.

Puerto de Espasante (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Puerto de Espasante (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Como segundo gran pulmón, el puerto de Espasante aviva el fuego de un municipio básico en la estrategia del norte gallego. Allí anida su potencial marinero, que permite dotar de un asidero económico notable a esta localidad que resiste en el cuadrilátero ante el apagón paulatino de su demografía.

La coqueta villa pesquera es silencio mientras a puerta cerrada no se detiene la labor, es el empuje del viento fiero. El Orillamar es su sala de máquinas. Un emblemático restaurante, de carta abundante fruto de un rico listado de materia prima. Predominan los pescados y las carnes de cocina insistente entre tanta moda de rápido o recargado.

Ruta a los acantilados de Loiba, en Ortigueira (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Ruta a los acantilados de Loiba, en Ortigueira (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Platos de antes que siguen sabiendo a gloria en el XXI, acompañamientos sin estridencias para productos que ya lo dicen casi todo. Se podría pagar un dineral por este privilegio, pero la minuta es baja. El que escribe pondría un impuesto por disfrutar de la perspectiva de la playa de Espasante.

El cielo va de la esperanza al gris oscuro, su colorido incita a pensar que la tormenta está por venir. No será así. Unos conocedores de la bravura marina arrastran los pies al borde del muro que cierra el arenal. Pasean por ritual, matan los minutos hasta la siguiente labor.

Restaurante en el puerto de Espasante (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Restaurante en el puerto de Espasante (foto: Mero Barral / Ferrol360)

A media luz, el restaurante enciende la pantalla de la tele, la confirmación de que el triste mundo real sigue conectado. Aquí no hay reloj, en cambio. El local hostelero es la frontera, desde allí es el todo; justo antes, un surtido de opciones.

El descenso a los límites con la costa por callejones en pendiente, el rincón privilegiado del cerdo Antón y su réplica artística o la hilera de residencias que pueblan la entrada recta al pueblo. Uno de los desvíos conduce a otra angosta subida para desembocar en la plenitud, con la visión de lujo del montículo aledaño al puerto.

Puerto de Espasante (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Puerto de Espasante (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Una cruz, una panorámica y una pequeña atalaya que es inigualable. Es el contraste fértil a la decadencia bien entendida que se resiste al paso del tiempo en el camino desde Santa Marta de Ortigueira. Simbología religiosa por doquier, ultramarinos que comparten local con peluquerías o bares, aperos de labranza arremolinados junto a vetustos vallados.

No hay jaleo, no hay adelantamientos de peligro. El trasiego en viales de cierta capacidad es lento, sigue una cadencia al compás del sol que se deja ver. Sin ninguna prisa, aquí no hay pausa.

(Fotos: Mero Barral© – 2019. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.)

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