Home / Ferrol / Cedeira / Volve á Xira

Volve á Xira

JOSÉ MARÍN AMENEIROS | ‘Introspecciones’ | Miércoles 19 agosto 2015 | 21:30

«Vete, viaja, piérdete, no vuelvas los findes, haz otros amigos, olvídate de nosotros, échate novio fuera, y prueba todo en esta vida. Vete lo más lejos posible, pero siempre vuelve, por favor, el 17 de agosto».

Lo escribió ayer Ana Simoneta, cedeiresa, en su texto sobre la Xira de este año, y la verdad, por más que piense, no puedo encontrar una conclusión mejor, siquiera parecida, para el mío. Y es que, aunque parezca una tontería explicarlo, para volver hay que haberse ido, y para saber qué se siente al volver, has de haber estado fuera, preferiblemente lejos. «Cuanto más lejos estoy, más asturiano me siento», cantaba Melendi que, aunque no sea Rosalía de Castro, tenía razón. Si esto es aplicable a Cedeira, nadie se ha sentido más cedeirés que yo en los últimos meses.

Volver ya estaba en mi cabeza desde antes incluso de girar a la izquierda en el Sálvora y perder de vista Cedeira. Y un 90% de volver significaba Xira. Si ya es difícil explicar a alguien que no es de Cedeira lo que se siente en San Antonio, intentarlo en inglés es prácticamente imposible. ¿Cuándo te vas? En agosto, respondía yo. ¿Por qué? Porque me acaba el visado. Mentira. Me iba porque en agosto toca volver a la Patrona. A la Xira.

Aún así, lo intentaba. Contarles todo lo que implicaba. Planear las camisetas durante semanas. Discutir por el diseño, por el color, por todo. Pero luego vestirlas con orgullo porque en alguna parte de la tela pone “San Antonio”, “Xira”, “Cedeira”.

Comprar alcohol, beberlo todo, incluido el cubata de penalti de cada hora en punto, tirarle vino a la gente, sumarlo todo a 5 días de tortura al sistema digestivo y aún así sobrevivir erguido hasta las 4 de la mañana. O las 5. Como si cada uno de nosotros estuviésemos clavados a la cruz de San Antonio.

Conseguir por una vez al año juntar a toda la pandilla. Y cantar con ellos. Cantar. Saltar. Cantar. Emocionarse. Cantar. Llorar. Cantar. Al final, cantar con el alma, no con la voz. Subir impolutamente resacoso, bajar con las gaitas abrazado a cualquiera, pasar por Crónicas, improvisar una fiesta después de la orquesta, caer, mojarte, ver la puesta de sol.

Hubo momentos en los que, allá lejos, me sentí brevemente en casa. Cuando comía patata cocida, cuando volví a probar pescado fresco después de meses, cuando llovía y olía a tierra mojada, cuando escuchaba Non sei, cuando tocaba el ancla que me colgaba del cuello, cuando veía fotos de la gente saliendo en San Isidro o San Antonio. Ya cuando giré de nuevo en el Sálvora, pero a la derecha, fue más que un sentimiento. Y cuando, el 17 de agosto, miré a mi alrededor y vi el sol resbalando entre las nubes detrás del cruceiro de San Antonio, las gaitas soplar y a mis amigos abrazarse, ahí ya no sentí que estaba en casa. Lo supe.

¿Cómo podríamos los de Cedeira explicarle todo lo que pasa en la Xira a alguien de fuera que probablemente nunca vaya a pisar siquiera Galicia? Yo lo intentaba, y cuando fracasaba, siempre, me ponía a cantar, y entonces, sólo entonces, aunque no hablaran ni una palabra de gallego, ni castellano, creo que me entendían. «Son de Cedeira… percebelleira… moito me gusta neniña vente pra ela».

Puesta de sol en San Antonio do Corveiro el 17 de agosto, en la Xira 2015 de Cedeira.

Nunca un ramallo tuvo tanto significado, año tras año. El ritmo de la bajada, el faro de la Xira. (Foto: Noa López)

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

En Ferrol360 utilizamos cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando, estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Puedes pinchar el enlace para tener más información. ACEPTAR
Aviso de cookies