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Xoel, hace tiempo que nosotros ya no sonreíamos tanto

Xoel López arropado por su banda nos hizo soñar este domingo en Amboage (foto: A. F.)
Xoel López arropado por su banda nos hizo soñar este domingo en Amboage (foto: A. F.)

MARTA CORRAL | Ferrol | Lunes 27 agosto 2018 | 13:31

Cuando los versos del Ojalá de Silvio Rodríguez se colaban entre los últimos acordes del De piedras y arena mojada, algunas tímidas gotas caían marcando la medianoche del domingo en Amboage. Xoel López ponía punto y final a casi dos horas de música, la plaza se vaciaba y nos llevábamos a casa el alma embalsamada, preparada para afrontar los días cortos, la monotonía de lluvia tras los cristales y el otoño inevitable.

El coruñés, acompañado por su contundente banda con la que compartió generosamente protagonismo y complicidad, pasó por el escenario como si fuera ese colega de la pandilla que se sabe todos los temazos. Trincó su guitarra, por veces también pandereta y harmónica, y fue llevándonos por sus tres trabajos en solitario sin olvidarse de algunos imprescindibles de su etapa como Deluxe: Reconstrucción, El amor valiente y Que no.

Esta última, convertida en todo un himno desde que vio la luz en 2003, fue la protagonista de la mayoría de las stories que se multiplicaron después en Instagram para decir que Xoel «había sido un gustazo». El «que no» gritado al unísono demostraba que era la canción que mejor se sabía la mayoría. El concejal de Fiestas, Suso Basterrechea, confesaba al finalizar que era «más de Deluxe que de Xoel», pero admitía que había sido «un conciertazo».

La plaza de Amboage, envolviendo al público con sus árboles, fue un escenario perfecto (foto: A. F. )

La plaza de Amboage, envolviendo al público con sus árboles, fue un escenario perfecto (foto: A. F.)

«Vino muchísima gente de fuera, sobre todo de Coruña, muchas familias enteras a verlo», explicó. Y no le faltaba razón. Porque a los ferrolanos que estábamos en la plaza -que no estaba abarrotada, pero para ser un domingo y un «concierto para minorías» ni tan mal (además, seamos honestos, que hubiese espacio para bailar se agradeció)-, nos bastaron un par de miradas para comprobar que había muchos rostros con los que jamás nos habíamos cruzado por la calle Real.

Pero volvamos a Xoel. A Xoel y a sus músicos. Esos que encajaron rasgadas psicolélicas y las notas de un Hammond en un concierto que muchos esperaban más tranquilo e intimista. Pero no fue así. Guitarreo potente, contundencia rockera pero también tintes del pop más ingenuo y, sobre todo, la consistencia de un cantautor en su etapa de madurez, cuando ya no es necesario ceñirse a una etiqueta y tienes la libertad de hacer la fiesta como a ti te apetece, incluso punteando una muiñeira.

Cruzamos el Atlántico con las percusiones potentes que requieren aquellos ritmos de la gente que asoma un tono diferente a ese lado del mar para emocionarnos, algunos hasta el llanto, con Tierra; otra de las más coreadas de la noche, porque para todos la vida siempre tiene algo preparado que supera cualquiera de nuestras fantasías.

Los móviles, como ya es habitual, captándolo todo para decirle al mundo que Xoel se estaba marcando un conciertazo (foto: A. F.)

Los móviles, como ya es habitual, captándolo todo para decirle al mundo que Xoel se estaba marcando un conciertazo (foto: A. F.)

Con Paramales llegó Que la vida te dé, una de esas canciones que todos dedicamos mentalmente a alguna persona que merece que le falte el aire. Sonó también la casi tribal A Serea e o Mariñeiro que, junto con Serpes, fueron las dos escritas e interpretadas en gallego de la noche. Saltamos como locos con la divertida (y realista) Yo solo quería que me llevaras a bailar y vimos el Jaguar y el Lodo de Sueños y Pan, su último álbum, sosegado en las pistas grabadas pero también con mucha más energía en el directo.

Los que iban «por dar una vuelta» se llevaron un sorpresón. Porque Xoel y sus colegas obraron la magia. Uno de esos, de los que bajaban por ver «algún concierto de las fiestas», acabó diciendo que «en directo me ha parecido una pasada, cambia mucho verlo, tiene una banda increíble, está guay y es una buena elección para las fiestas».

Para los demás, esos que íbamos con la lección aprendida y el corazón predispuesto, lo de este domingo es para envolver en papel satinado, abrir la cajita de hojalata y meterlo allí con aquellas pequeñas (grandes) cosas de las que echar mano cuando apriete el frío. Mientras, solo nos queda rezarle a la Virgen y pedirle a los santos que a Xoel no se lo lleven muy lejos. Que no tarde tanto en cruzar a la inversa el puente de los Franceses y seguir un poco más, hasta donde termina la AP-9.

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