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¿Ya conocen el secreto de la Libertad?

MARTA CORRAL | Ferrol | Domingo 7 agosto 2016 | 11:48

Diría el gran Andrés Calamaro que «la conocen los que la perdieron, los que la vieron de cerca irse muy lejos, y los que la volvieron a encontrar, la conocen los presos, la libertad», pero no nos ocupa ahora, sin embargo, mirar a través de un cristal conceptual, sino tocar, ver y subir a bordo del buque escuela de la República Argentina, la fragata Libertad, que permanece atracada en el Arsenal ferrolano desde el jueves.

Si alguno de ustedes aún no han ido a verla, este domingo tienen su última oportunidad de tres a siete de la tarde. Bien es cierto que podemos a través de este enlace conocerla virtualmente, pero créanme si les digo que atravesar su pasarela es como cruzar el charco y llegar al Mar del Plata en un pestañeo.

Cortando una niebla espesa llegó la Libertad a Ferrol este jueves, amarrando en uno de los muelles del Arsenal a las 9:30 horas después de haber cruzado el flanco de los castillos apenas veinte minutos antes. «Parece la de Piratas del Caribe», decía un niño que esquivaba el orballo en Curuxeiras.

La densa bruma disfrazaba a la 'Libertad' de buque fantasma a su llegada al puerto (foto: A.A.)

La densa bruma disfrazaba a la ‘Libertad’ de buque fantasma a su llegada al puerto (foto: A.A.)

«Les trajimos el verano inglés», diría bromeando el comandante del buque, Ignacio Errecaborde, en la rueda de prensa que ofreció a bordo junto al embajador de Argentina en España, Federico Ramón Puerta, que vino a recibirles a Ferrol. Holanda, Francia, Inglaterra, Irlanda y ahora España, después de que «usamos bien la Mancha y Vizcaya se portó».

Esta travesía bautizada como del Bicentenario -al cumplirse 200 años de la Declaración de Independencia del país-, supone el cuadragésimo quinto viaje de instrucción del buque escuela, que comenzaba el pasado 23 de abril y concluirá el 5 de noviembre en Buenos Aires, después de 196 días surcando el mar.

«Tenemos la misión de llevar el mensaje de buena voluntad, paz y libertad de nuestro país lo más lejos que podamos», aseguró el comandante, confesando que están en Ferrol a propuesta de la propia tripulación, que quería venir a «la querida Galicia».

Un total de 354 personas han llegado en la Libertad, aunque no es un número fijo porque varía en función de los invitados que embarcan y desembarcan a lo largo de la singladura. De ellos, 27 son oficiales -tres mujeres-, 20 suboficiales superiores -dos mujeres-, 160 cabos -cinco de ellos mujeres-, 117 guardiamarinas -27 mujeres-, e invitados de Uruguay, Paraguay, Chile, Brasil o Bolivia.

La Asociación Rioplatense de Lugo visitó la fragata en el Arsenal de Ferrol (foto: Armada Argentina)

La Asociación Rioplatense de Lugo visitó la fragata en el Arsenal de Ferrol (foto: Armada Argentina)

Sorbiendo el mate que cebaba su asistente, el embajador admitía el «gran afecto» que existe entre Argentina y España: «Además, Galicia tiene una presencia enorme en nuestro país, sobre todo en Buenos Aires», dijo. Recibiría después en Madrid la visita de la comisión de guardiamarinas que salieron de puerto para «ver mundo».

También han estado en A Coruña y Santiago de Compostela, porque como afirmaba Errecaborde, «cuanto más puedan visitar en cada uno de los países mejor, esa es la idea. La formación no es solamente técnica, queremos oficiales que puedan tomar decisiones con la mayor amplitud de criterio y espíritu crítico. Y eso se consigue abriendo la cabeza y viendo mundo».

A la Libertad le queda, por lo menos, casi medio siglo de vida más. Cuando de 2004 a 2007 le hicieron el mantenimiento mayor cambiándole la planta propulsora completa, los sistemas auxiliares y las tuberías, le han dado 50 años más a este buque que nació en el astillero argentino ubicado enfrente de la Escuela Naval.

Cuando este martes la Libertad suelte amarras no volverá a pisar suelo español hasta que el 17 de septiembre arribe en Cádiz. Si conocen a alquien allí, díganle que visite la fragata y que pregunte por el mascarón de proa esculpido por García Rodríguez, que tuvo que tallar el rostro de su mujer en ese pedazo de madera y bronce que simboliza la República porque, como bien dijo el embajador entre sorbo y sorbo, «además de ser español, estaba enamorado».

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