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Ya se van notando los días

La boca de la ría de Ferrol desde San Felipe, un día de agosto después de un baño de salitre en la Torpedera
La boca de la ría de Ferrol desde San Felipe, un día de agosto después de un baño de salitre en la Torpedera

MARTA CORRAL | O falar non ten cancelas | Viernes 31 agosto 2018 | 21:51

La mayor parte de las tardes de los veranos eternos -esos de la infancia, cuando todo era fácil y los bocadillos de Nocilla sabían a salitre- me las pasaba yendo a la casa que mis tíos tienen en Barallobre. Con puntualidad británica -siempre que yo llegase a la hora precisa de mis peripecias en bicicleta-, mi abuelo arrancaba su Ford Escort azul para volver a Ferrol.

Cuando agosto empezaba a avanzar y parábamos en el semáforo del cruce de Perlío mi abuela soltaba siempre la misma frase: «ya se van notando los días». Y yo, cada vez que la escuchaba junto a mi madre en el asiento de atrás, quería bajarme del coche y parar el tiempo juntando los dedos índices de las manos, como en aquella serie noventera de la que nadie recuerda el título.

«Bueno, seguro que querrás ver a tus amigos, los echarás de menos», te decían los adultos, como si ellos echasen de menos a sus compañeros de trabajo cuando las vacaciones iban tocando a su fin. A los 10 años el concepto echar de menos a alguien no le ganaba al de salir rechumida de la piscina. El primer varapalo de mi infancia consistió en descubrir que el otoño era inevitable.

Así que ahora, cuando no es mi abuela sino mis amigas las que dicen lo de los puñeteros días, sigo instalándome en el drama y la canción del final de Verano Azul se reproduce en bucle en mi cabeza. Pero el culmen llega tal día como hoy, el día de los fuegos de San Ramón. Porque mi animadversión por el adiós del estío se junta con un cierre de pólvora y colores, como si hubiese que celebrarlo.

«Hola, Septiembre, eres el mes de los comienzos, vale; pero bien podrías haber llegado un poco más tarde». Este día siempre ha sido una especie de Nochevieja, el fin de año de los ferrolanos. Y más esta vez, que cuadra en viernes y puede liarse uno hasta el amanecer si no es periodista y tiene que trabajar los sábados.

Mi amigo Paco me confesaba en una ocasión que él hacía su balance anual este día. Pensaba en lo que había hecho durante los últimos 365 días, si su vida había cambiado en algo. Y creo que de alguna manera todos lo hacemos. Recordamos dónde habíamos visto el año anterior los fuegos y, a partir de ahí, trazamos la historia.

Miramos al cielo con el primer estallido, comprobamos la hora para calcular los minutos que duran y poder soltar críticas o alabanzas dependiendo de la tesitura, y levantamos la cabeza. En ese silencio que nos devuelve a la infancia nos miramos un poquito por dentro también. «Y aquí seguimos, en Ferrol. Pues, ya ves, somos unos provincianos en un pueblo de cenizos; pero carallo, somos felices, ¿no?»

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