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Ana Amado, fotógrafa y arquitecta de Ferrol: «Lo que no se muestra no existe»

Ana Amado en la puerta del CGAC. Fotografía ALICIA SEOANE

TEXTO & FOTO: ALICIA SEOANE | Martes 12 diciembre 2023 | 9:46

Ana Amado es una de esas mujeres camaleónicas que ha sabido ir sumergiéndose en diferentes territorios, desde la arquitectura, a la ilustración, la música o la fotografía. Ella ha ido afinando el oído para ir encontrando ese tono justo donde encontrar su propia visión de la realidad, sin dejar de experimentar y arriesgando mucho. Lleva en Galicia unas semanas presentando su trabajo Lavadoiro, este último en compañía de Lois Patiño. Quedamos en Santiago al lado del CGAC, en un pequeño café donde sirven un pinchito de tarta de zanahoria que está buenísima y el camarero no sabes si tiene energía de más o es que tiene que sacarla de donde no la hay. Entre llamadas para la promoción de la peli, y con el tiempo justo entre actos empezamos a repasar toda la trayectoria que ha ido llevando a Ana hacia este camino. En Santiago lugar de encuentro de caminantes, ¡empezamos a desandar!

FERROL360. _ ¿Cómo se va dando la transición en tu carrera del mundo de la arquitectura a la fotografía?

ANA AMADO. _ Fue un poco a la inversa, para mí lo primero fue el dibujo. De pequeña estudiaba en el Colegio Belén, tuve la suerte de que la directora en ese momento tenía sensibilidad con las artes plásticas y promovía que participáramos en concursos de dibujo. Así que de pequeña me acostumbré a ganar concursos de dibujo. Y me di cuenta de que dibujar era para mí algo que me salía de forma fácil. Yo creo que en mi cabeza asocié que dibujar era algo que para mí podía funcionar. La primera carrera que estudié fue Bellas Artes, en Cuenca, pero lo abandoné. Eso creo que no me lo perdono…

F360. _ ¿Cómo terminas en Arquitectura?

ANA.A._ Pues la Arquitectura era mi segunda opción, porque es una disciplina que combina arte y técnica. Así que me pareció buena idea. Yo creo que, en aquel momento, no tenía la madurez de enfrentarme al salto al abismo que supone ser artista, de hecho, aún me cuesta. Es una apuesta muy fuerte y muy insegura. Entro en Arquitectura en Coruña, inmediatamente. Pero la inclinación por las artes visuales siempre estuvo como una capa por debajo, siempre presente. El tercer año de estar en la escuela me puse a trabajar en una agencia de publicidad, como ilustradora. Y después una faceta muy presente en mi vida fue la música, en el conservatorio, en escuelas de jazz, cantando en coros, o como solista de Cristina Pato.

F360. _ Entonces, la carrera dio para mucho, ¿no?

ANA.A._ (risas) Así tardé en acabarla tantos años … En aquel tiempo sentía que no lo estaba haciendo bien, al compaginar muchas cosas a la vez. Con el tiempo he dejado de sentirme mal con esto, porque veo que no todo el mundo tiene que hacer las cosas de la misma manera. A mi hacerlo así me ayudo a ir tomando una perspectiva más amplia y a relacionar muchas disciplinas, desde la música, la ilustración, el dibujo, la arquitectura y la fotografía que aún vendría más tarde.

F360. _ Comentas que la fotografía sería aún más tarde, ¿en qué momento se produce este cruce de caminos?

ANA.A._ Mi primera cámara réflex la tuve con trece años, y en mí adolescencia iba haciendo mis diapositivas, jugando mucho con las exposiciones y experimentando. Pero hasta que no termino la carrera de Arquitectura y empiezo a trabajar de arquitecta, no me pongo en serio con ello. Tenía el deseo ahí dando pataditas, siempre de fondo. Un tiempo trabajé como ayudante de producción artística en una película, en el 2006, pero me pareció un mundo muy duro. Fue una experiencia complicada para mí. Así que esta vía la abandoné. Y me tocó en ese momento todo el cambio de lo analógico a lo digital. Esa época, no sé si te acuerdas, que estábamos todos esperando a que bajasen los precios de las réflex digitales. Me hago con mi primera cámara. Con la suerte de que algunos de mis compañeros ya estaban haciendo sus primeros trabajos de Arquitectura y me piden que se los fotografíe… así se fue dando todo. Me empezó a interesar más, ves que te llaman más para trabajar, así que vas ampliando equipo… 

F360. _ Veo que unos de tus primeros trabajos de fotografía, donde aparece una mirada más personal, fue a un estudio de una pintora ¿no?, como si estuvieses fotografiando tu propia vocación en otra persona…

ANA.A._ Sí, además con envidia (sana) y admiración. El caso de Cano Lasso, fue un encargo precioso. Esta arquitecta y artista plástica que es Elvira Solana, también es muralista, en ese momento profesional a Elvira, le ofrecen los propietarios de un magnífico piso localizado en un edificio diseñado por el arquitecto Julio Cano Lasso en Madrid, antes de llevar a cabo una reforma, que ella pudiese intervenir todas las paredes. Cuando yo la fotografié, ella estaba en plena inmersión. Me pareció increíble como ella fue generando un discurso y como fue realizando esta intervención. A mí me daban muchas ganas de ponerme a pintar con ella…

F360. _ Más adelante empiezas a trabajar con una mirada más personal. En Ferrol hiciste dos trabajos, uno sobre los bajos vacíos en la época de la crisis inmobiliaria, y otra intervención en las baterías de Prior, ¿cómo fue esta etapa en Ferrol?

ANA.A._ Fue un momento de intermedio, Persianas cerradas lo hice en 2014. Yo me voy en 2011 a Madrid a hacer un Máster de fotografía en la Escuela Lens. Este momento fue clave para mí, porque tras la crisis del 2008, decido dar este paso. Fue una crisis devastadora para el mundo de la arquitectura y en ese momento decido arriesgarme y cambiar de rumbo. En 2010 empiezo a hacer este tipo de proyectos como Spanish dream, que son proyectos sobre los efectos de la burbuja inmobiliaria, este tipo de proyectos funcionaron bien y tuvieron cierta repercusión mediática. Digamos que empieza a confluir mi visión de la arquitectura y de la fotografía. El momento de la crisis inmobiliaria, fue el momento de hablar sobre ese nuevo espacio público que dejaba la crisis, el vacío, los edificios a medio construir. Y en ese tipo de discurso entra ese trabajo de persianas cerradas, que lo hice mientras pasé una temporada en casa de mis padres. Este trabajo lo hice con una visión más sosegada, en blanco y negro. Hice un mapeo de los bajos del Barrio de la Magdalena. Registraba en color los bajos abiertos y en blanco y negro los bajos cerrados, de manera que destacaba el porcentaje de los que había cerrados que era casi el 40%.

Fotografía tomada del proyecto Persianas cerradas. Ana Amado

F360. _ En Estados Unidos trabajaste como asistente de Mark Steinmetz, ¿cómo fue este paso por Georgia?

 ANA.A._ El trabajo de Georgia on my mind, fue un trabajo muy personal. En ese momento estaba muy influenciada por mi maestro Mark Steinmetz, y por una visión donde el blanco y negro estaba muy presente, pero también la fotografía de los años 50 americana, sobre todo Walker Evans. Aquí aparece la evocación del paisaje y del lugar del estado de Georgia que es un lugar muy peculiar. Esta situación fue un momento de mucha intensidad en mi vida que no se parecía a nada de lo que había hecho hasta ese momento. 

Fotografía del proyecto Georgia on my mind. Ana Amado

 F360. _ Esta misma visión la recuperas en Japan Hotels, ese blanco y negro sugerente, casi abstracto, donde hay esos juegos de luces y sombras…

 ANA.A._ Sí, y también la quise recuperar en el último proyecto de Lavadoiro, pero al introducir el elemento del cine, fue cambiando un poco. También quería recuperar el punto mágico del paisaje y con esa parte de sensaciones… Pero al final Lois Patiño lo ha resuelto visualmente de una forma que mantiene lo poético, pero también esa neutralidad, donde el espectador construye su propio relato. En mi trabajo hay una vertiente social que se mezcla con la arquitectura, donde podemos ubicar este tipo de proyectos como el de los bajos de Ferrol o como el de Spanish dream.

Fotografía tomada de Japan Hotels. Ana Amado

F360. _ En esos proyectos con una mirada más social, empiezas a trabajar con una mirada más feminista, sobre ese espacio ocupado por las mujeres, como es Lideresas, ¿no?

 ANA.A._ Sí, en este caso era una mirada hacia el trabajo de las mujeres mayores. Una forma de reivindicar este trabajo doméstico que vienen haciendo las mujeres y que nunca ha sido ni reconocido ni puesto en valor. Esto es algo que también está presente en Lavadoiro. El trabajo doméstico nunca se les ha reconocido. En el caso de Lideresas tiene un punto ácido, donde las mujeres aparecen retratadas como habitualmente fueron fotografiados los líderes mundiales, o figuras exitosas masculinas. 

 

F360. _ Habitar el agua, es un trabajo que me ha parecido muy interesante, el título es de entrada sugerente y también la idea de la colonización hidrográfica. ¿cómo nace este proyecto?

 ANA.A._ Este trabajo lo empezamos en 2016. Lo fui haciendo con mi pareja que también es arquitecto Andrés Patiño. Este proyecto fue autofinanciado y buscamos entre los dos con una mirada de arquitectos ver cómo había evolucionado el programa de colonización del INC: unos 300 pueblos que durante el franquismo se construyeron entorno a pantanos que se inauguraron para crear nuevos regadíos en la posguerra. Durante el franquismo se desarrollan este tipo de programas sociales para acoger una gran masa de población que estaba pasando necesidad. Se necesitaba mano de obra para trabajar en aquellos pueblos.

A nosotros nos interesaba aportar una mirada desde lo arquitectónico, porque estos pueblos fueron diseñados por muchos grandes arquitectos que después serían figuras clave en la arquitectura española del siglo XX, como Alejandro de la Sota, José Antonio Corrales, José Luis Fernández del Amo, Fernando de Terán (entre otros), que empezaron a trabajar en esto. Nos planteamos recorrer estos espacios y ver qué había sucedido allí. Muchos de estos pueblos fueron verdaderos experimentos urbanísticos. Algunos de estos pueblos siguen viviendo de la agricultura y han ido evolucionando bien. En aquel entonces se les entregaba una parcela y una casa a familias que en las décadas de los 50 y 60, -sobre todo-, querían trabajar el campo y ellos iban devolviendo ese préstamo con la producción de sus parcelas. Tardaban una media de 40 años de intenso trabajo en devolver ese crédito, que no es poco. Estas personas no fueron obligadas, más bien empujadas por el hambre y las circunstancias de la posguerra.

Fotografía tomada del proyecto Habitar el agua. Ana Amado

A día de hoy encontramos pueblos de colonización cerca de grandes ciudades que funcionan como ciudad dormitorio. Curiosamente muchos de estos pueblos han sobrevivido bien el paso del tiempo. Nosotros íbamos buscando la arquitectura, pero acabamos descubriendo a las personas, que muestran gran apertura y generosidad y tienen ganas de contar su historia, te abren las puertas de sus casas… Al final la fotografía tiene un gran poder para visibilizar. Y yo de alguna forma sin ser muy consciente lo he ido usando para sacar a la luz ciertas realidades que de otra forma no se mostrarían. Hoy en día lo que no se muestra no existe. 

F360. _ Para continuar con estos últimos años en los que tu trabajo se ha desplegado, me gustaría hablar de un trabajo que has hecho para la Comunidad de Madrid, que me ha resultado muy curioso: Mision región 

ANA.A._ En este trabajo volvemos a ese espacio entre la arquitectura y lo social. Este es un trabajo de investigación, y me interesa la arquitectura como telón de fondo de todo lo que pasa. Me gustó mucho este proyecto promovido por la Dirección de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, y en el que participamos de forma paritaria hombres y mujeres. Sí, es un proyecto curioso, porque tiene mucho que ver las grandes misiones fotográficas institucionales, que encargaban los gobiernos a fotógrafos en otras épocas como en La Farm Security Administration, en EEUU, o la DATAR, en Francia. Son proyectos que buscan documentar el estado actual del territorio y del hombre.

Fotografía tomada del proyecto Misión región. Ana Amado

Se trataba de documentar desde espacios más naturales como la sierra hasta espacios urbanos de la Comunidad de Madrid. Pero lo importante era hacer un mapeado de todos los aspectos que intervienen en el espacio. Nos asignaban seis ayuntamientos y tú buscabas las diferentes perspectivas para representarlo, desde lo humano, desde las fiestas, hasta lo paisajístico, lo patrimonial. Era interesante la muestra final viendo el trabajo de todos los fotógrafos y fotógrafas juntos.Todas estas imágenes están libres en una base de datos para que cualquier investigador pueda usarlas de recurso. Ojalá otras comunidades tomen esta idea, y más ayuntamientos se animen a hacer esto. Es importante que la administración invierta en cultura.

F360. _ Y así llegamos hasta la actualidad. El 13 de diciembre presentas Lavadoiro en el Torrentedonde se fusiona la relación del espacio arquitectónico y el espacio fuera de lo doméstico habitado por las mujeres.

ANA.A._ Sí, en esta idea de visibilizar a las mujeres mayores, es donde este trabajo entronca con Lideresas, tratando de poner en valor el espacio arquitectónico público donde ocurren cosas. Hace dos veranos y por casualidad, como casi todo lo bueno que ocurre, empecé a trabajar con Carlos Seoane, un destacado arquitecto gallego, que me llama para fotografiar su trabajo. En este caso un lavadero en Artes, Ribeira. Cuando fui a hacer las fotos me llevé una sábana, y la idea de hacer algo más a partir de ese juego con la sábana salió de Carlos. Él colabora con el arquitecto inglés David Chipperfield, el más reciente premio Pritzker, y que vive en Corrubedo desde hace muchos años. Chipperfield ha creado la Fundación RIA, es un hombre muy activo e integrado en esta comunidad. Le contamos la idea y le gustó, y desde entonces apoyó el proyecto, al igual que su mujer, Evelyn Stern. En este punto entra también el nombre de Lois Patiño, porque nos parecía necesario registrarlo en video. Había una dimensión temporal que requería de este medio. Mi sorpresa fue mayúscula cuando Lois Patiño me dice que sí que adelante, que le interesa.

Fotografía de Lavadoiro de Ana Amado

 F360. _ ¿Cómo fue el trabajo con las mujeres?

ANA.A._ Entré en contacto con gente local que me ayudó muchísimo, porque imagínate, sin ser de un lugar, poder localizar a las mujeres implicadas hubiese sido mucho más complicado. Ahí me apoyaron Javier Orujo, Irene Maneiro y Ovidio Queiruga, que me presentaron a varias mujeres, y ellos mismos me enseñaron otros dos lavaderos más: El Lavadero de Pinisqueira, en Aguiño, metido en el mar, y Os Muiños  de San Tomé, en un río donde se lavaban las ropas de los muertos y de partos. Esta idea narrativa de introducir otros lavaderos también le resultó interesante a Lois. El trabajo con las mujeres fue muy especial sobre todo en lo personal. Ver la transformación y la catarsis de lo que sucedió allí. Y también todo lo que está ocurriendo ahora, que ellas son las protagonistas, salen en los medios, tienen ese espacio para contar. Y ese es el fin agradecerles todo ese trabajo doméstico que ellas han hecho a través de un lenguaje simbólico y poético. Esto es lo más importante del trabajo. Yo soy como un medio de algo que es mucho mayor que yo, me siento como un vehículo de transmisión de cosas que están ahí y son importantes sacar a la luz.

Ana Amado. Lavadoiro

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