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«Ayudamos a las personas a recordar el movimiento natural de su cuerpo»

María Dopico por Alicia Seoane

TEXTO Y FOTOS: ALICIA SEOANE| Ferrol | Lunes 22 marzo 2021 | 11:53

María Dopico es bailarina y profunda conocedora de lo que significa moverse en el cuerpo. En un simple golpe de vista sabe dónde debe de trabajar con cada persona para que todo vuelva a su sitio. Ver cómo se mueve hace que cualquier movimiento parezca fácil y fluido, pero esto es un aviso: no intentes hacerlo como ella, parece sencillo pero no suele serlo, detrás hay años de conocimiento corporal.

Actualmente María tiene su propio centro de pilates y yoga, Estudio-Tres, donde imparte clases junto a Emilio, su pareja. Ella nació con el ritmo en el cuerpo, desde pequeña lo que más le gustaba era que diesen palmas y ponerse a bailar. Siendo todavía una niña, sus padres la inscriben en las clases de ballet de Pauloska en Ferrol, donde empieza a prepararse para estudiar en el conservatorio de danza clásica, una carrera de fondo que requiere de siete años de preparación.

Desde la escuela ferrolana llevaban a las bailarinas a hacer los exámenes a Madrid y empezaba la formación quien aprobaba. También desde la escuela les facilitaban la obtención del título en The Royal Academy of Dance de Reino Unido. «A Pauloska habría que hacerle un monumento porque se implicaba mucho en la formación de las alumnas. En verano nos llevaba un mes a casa de su hermana Paloma Lago para poder hacer formaciones puntuales que había en el mes de julio en la academia de Víctor Ullate. No todo el mundo se iba con seis niñas de 11 años a Madrid, para que aprendiesen a bailar».

El contenido que se estudiaba en el conservatorio inglés, era muy específico y ayudaba a aprender mucho de la base de la danza clásica. El recorrido de una persona que se forma en danza clásica supone muchos años de aprendizaje no solo corporal: solfeo, anatomía, vestuario e Historia de la Danza son otras materias que debe conocer una bailarina. Se trata de una disciplina que requiere un aprendizaje del cuerpo muy riguroso y que exige mucho esfuerzo y compromiso. Sin embargo, apenas tiene un reconocimiento a nivel oficial, como lamenta María.

«La danza, como cualquier otra enseñanza, si te la tomas con cierto compromiso te enseña mucha disciplina. Creo que a mí esto me ayudó mucho también para el resto de cosas de mi vida. El contacto con el cuerpo te ayuda mucho a centrarte en otros aspectos porque repercute a todos los niveles. Sin embargo, la danza aunque está oficialmente reconocida no está bien valorada. En España las profesiones artísticas no están protegidas. Los profesionales tienen malos contratos y no se pone en valor todo el conocimiento que disciplinas como esta requieren».

Con 17 años se va a estudiar COU a Madrid y allí termina el conservatorio. Al empezar la carrera de Ciencias Políticas sigue compaginando sus estudios con la danza. Estuvo dos años en la academia de Víctor Ullate, una academia preparatoria para su compañía. María Dopico se inicia entonces en esta preparatoria, donde empieza a descubrir otras técnicas, como el contemporáneo. Estos cinco años de carrera le permitieron hacer formaciones con bailarines internacionales como Dagmara Brown y Karemia Moreno, del Ballet Nacional de Cuba, o Luis Fuente y Zelma Bustillo, entre otros.

El tiempo en el que María estuvo en la compañía de Fuente y Bustillo ella no se sentía profesional porque estaba también estudiando y no se dedicaba a ello al 100 %: «Recuerdo que con 15 años, en los veranos que nos llevaban a Madrid, Víctor Ullate me ofreció que me quedara, para formarme para la compañía; pero tenía 15 años y mis padres me veían todavía muy pequeña. Si me hubiese quedado tendría que haberme dedicado totalmente porque para ser buena profesional tienes que meterte de lleno, desde muy jovencita. En la danza contemporánea, sin embargo, no influye tanto la edad, sino la formación física y el cuerpo de cada bailarín. La clásica aun está más condicionada por ciertos paradigmas».

Al terminar esta experiencia, con 22 años, ella sabía que la vida de la capital no le gustaba. Sus padres la animaban a estudiar el doctorado, pero tenía ganas de viajar y de conocer otros países: «Yo no quería vivir en una ciudad como Madrid, ya llevaba seis años y ya había visto lo que era, y lo que implicaba crecer allí. Yo soy de campo, me gustan los lugares mas pequeños. No me gustan las grandes aglomeraciones. Lo bueno es poder ir, acceder a una formación y poder volver».

No obstante, cuando tenía todo preparado para hacer una estancia en Dublín, el destino le tenía preparado otro camino: «Una amiga me animó a ir a las pruebas del Ballet Gallego Rey de Viana. Yo estaba muy reacia, pero fui, me cogieron, y no pude decir que no a esta oportunidad. Hacían danza tradicional, pero cogían a bailarines con formación en clásico. Esta etapa fue apasionante, y fue impresionante el trabajo que se hacía de la mano de José Manuel».

José Manuel Rey de Viana dirigía la compañía. Además de coreógrafo, estudió baile clásico, pintura, escultura y diseño teatral, pero sobre todo se interesó por la danza folclórica mundial y por los aspectos tecnográficos y antropológicos relacionados con el baile tradicional gallego. «Fue lamentable lo que pasó con este hombre. Con la cultura que él tenía, todo lo que aportó, cómo preparaba cada coreografía, y cómo investigaba haciendo recolleitas en los archivos de distintas partes de Galicia. Cada pieza tenía un sentido, los vestidos se elaboraban siguiendo los patrones de la ropa tradicional… Todo era cuidado al máximo detalle y con un sentido muy profundo. Sin embargo, por egos políticos a este hombre se le apartó en un momento determinado. Por egos políticos, esto es algo que ha sucedido en Galicia. Y que hizo que se perdiera la investigación cultural y su aportación a la danza tradicional».

Pasados unos años muy intensos al dejar la compañía, vivir la transición del legado de Jose Manuel Rey de Viana y recomenzar, siguió con su formación corporal y la compaginó con otro tipo de trabajos hasta que descubre el mundo del pilates gracias a su amiga Marta López Blanco, de Fisiomar. Es ella quien la anima a ir a un curso de pilates en Barcelona con Lolita San Miguel, una leyenda viva de esta disciplina que además había sido bailarina. A sus 73 años esta mujer sigue manteniendo la vitalidad de una mujer de 40. Ella fue una de las alumnas directas de Joseph Pilates, así que María entra de lleno en este mundo apasionada por este primer encuentro.

«Este primer contacto fue para mí un flechazo. Había algo que me resultaba conocido en esta técnica, pero a la vez con apoyos y aparatos nuevos que te dan acceso a conectar con el cuerpo desde otra perspectiva», explica María, que durante tres años estudió toda la formación de Peak Pilates y empezó a dar clases, primero haciendo sustituciones y más adelante en solitario gracias a la bailarina Matilde Pedreira, que le alquila un espacio dentro de su estudio de danza. Esto le permitió tener más alumnos y más clases hasta que la demanda propició que diera el salto para tener un lugar propio.

En 2015 abre su estudio en solitario Estudio-Tres en la calle Magdalena: «La verdad es que suelo tirar hacia delante, no tengo mucho miedo. Y además tengo a Emilio, que siempre está detrás apoyándome. Él me da mucha seguridad, me hace sentir que puedo ir adelante con todo», reconoce. Su pareja también está formado en Peak Pilates y ambos trabajan juntos. Ahora, el estudio ha crecido todavía más y han tenido que cambiarse de ubicación a la calle Real 233, un bajo restaurado al lado de Capitanía que conserva el encanto de lo antiguo y el confort de lo moderno, manteniendo a salvo toda la solera de los lugares con historia.

María y Emilio forman un equipo en el que, además de pilates, combinan otros métodos como el Garuda y el Organics. Cada uno se imparte de forma independiente. El primero está creado por James D’Silva y es un entrenamiento cardiovascular que a la vez se centra en desarrollar la concentración mental y promover el principio de relajación a través del movimiento. Hasta hace unos años solamente se podía aprender el Londres y ahora empiezan a incorporarlo a sus clases gracias a una escuela santanderina que ha empezar a formar a profesionales en España.

«Cuando descubro este método, me doy cuenta de que al pilates le faltaba una tridimensionalidad, le falta un poco de movilidad. Combinándolo con el Garuda, formación que seguimos haciendo, el ejercicio es mucho más enriquecedor», valora María, que ha desarrollado una comprensión del cuerpo que le permite enseñar de forma orgánica a sus alumnos para que ellos puedan recuperar su movilidad natural: «Nosotros no enseñamos a aprender un ejercicio solo a base de repeticiones para tonificar, sino que vamos encontrando caminos, en distintas cadenas musculares y articulares, para que el cuerpo, además de tonificarse, recuerde su propia movilidad natural».

«Ayudamos a que el cuerpo recuerde no solo en un plano bidimensional, sino en multitud de planos gracias a movimientos más ondulatorios. Este contacto con el cuerpo repercute no solo en lo físico, también ayuda a la gente a sentirse sana a todos los niveles». El tándem de María y Emilio hace que Estudio-Tres sea más que un estudio de pilates. Su formación y su comprensión del cuerpo ayudan a recuperar el movimiento que a veces olvidamos al sumergirnos en el estrés cotidiano. Un placer que existan lugares así para volver a habitar nuestro propio cuerpo.

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