Home / Cultura / Cristina Moreira: «Quedarme y apostar por Ferrol fue un reto, pero tiene una esencia que me encanta»

Cristina Moreira: «Quedarme y apostar por Ferrol fue un reto, pero tiene una esencia que me encanta»

Moreira en su casa posando ante una pieza de Lúa Gándara (foto: Alicia Seoane)

TEXTO y FOTOS: ALICIA SEOANE| Ferrol | Jueves 3 febrero 2022 | 12:43

Cristina Moreira es una de esas mujeres camaleónicas. Directora del Festival de Artes Escénicas Fóra do mapa y creadora de joyas de la comedia local, lo mismo te la encuentras corriendo calle Real arriba con un juguetito que genera soniditos divertidos para llegar a tiempo a la tertulia matinal de Radio Ferrol Cadena SER o subida a un escenario presentando una gala para conmemorar el 8M.

Si te descuidas, te acaba llevando de público al programa de Luar para apoyar a las cómicas ferrolanas durante seis horas, con un botellín de agua y un bocadillito. Todo puede pasar si se te cruza una Cristina Moreira en tu vida. A su lado, el surrealismo es posible en todas sus facetas. Si tiene algún don, ese es el de provocar la risa y la tristeza, según ella lo sienta. Inteligente, creativa y muy divertida, sumergirse en el universo Moreira no tiene pérdida.

FERROL360 – ¿ En qué momento te dices a ti misma: lo mío es subirme al escenario?

CRISTINA MOREIRA – ¿Sabes qué pasa? Yo siempre quise dedicarme a la interpretación, pero por circunstancias de la vida no me atrevía a dar ese paso. Tenía miedo. Deseaba tanto eso, que no era capaz de hacerlo. Mi madre, de niña, me decía que me apuntara a clases de teatro, pero me daba pánico. Cuando estuve en París, yo trabajaba en un hotel haciendo mis prácticas de Turismo y allí conocí a Carol, una amiga ferrolana que estaba metida en el mundo del teatro, y fue ella quien me animó a dedicarme a esto. Me decía que no todas las personas llegan a las cosas de la misma manera y que veía que yo tenía aptitudes para este mundo, que era lo mío. Y así es como empecé a planteármelo.

360 – ¿ Cómo fue aterrizar de nuevo, tras la experiencia en París?

CM – Al volver de Francia empecé a trabajar en un hotel y acabé firmando una carta de renuncia. Me dije a mí misma que quería apostar por la interpretación. Así empecé a buscarme mi sitio. Yo había estado haciendo monólogos en un sitio que se llamaba Corner, en Ferrol. Recuerdo que alguien me dijo una cosa, como que las mujeres no hacíamos gracia, y esto me supuso un reto. Me dije: «¿cómo que no podemos hacer reír?».

En los primeros monólogos yo estaba muy nerviosa, tenía 19 años y veía a gente más mayor. Pensaba que las personas de esa generación no iban a entender mi humor. El primer día que subí al escenario en Corner, el monólogo hablaba sobre letras de canciones, como las de Melody y los gorilas, y cosas absurdas. Acabé contenta porque vi que la cosa marchaba y una periodista me hizo una entrevista.

Estaba tan fuera de mí en ese momento, que le dije que era de los Moreira de toda la vida. Cuando me desperté el domingo, mi madre me estaba dando con el periódico, preguntándome qué era este titular. Nadie sabía que estaba haciendo monólogos y se enteraron por la prensa. Mi familia se lo tomaba como que era una afición mía, nada serio, ya sabes…

360 – Detrás de lo cómico suele haber una mirada de lo cotidiano y una forma de observar el mundo que es de todo menos fácil, ¿no?

CM – Los cómicos y las cómicas siempre suelen ser personas muy sensibles, la comedia puede llegar a ser muy cruel. Yo he descubierto que, muchas veces, la comedia es como un caparazón para no sufrir, pero que acaba haciéndote daño. Por eso siempre pienso: «¡ay, Dios mío, los que hacen clown tienen que estar fatal, los más depresivos…!». Ya estoy haciendo la coña…; pero sí, creo que en lo cómico, a veces, hay mucha defensa.

360 – Quizá la comedia exija el trabajo de permitirse volver a pasar por lo que duele antes de transformarlo en risa o ¿simplemente se pasa uno la vida haciendo comedia con lo que más lastima?

CM – Claro, es que la comedia bien llevada es un salvavidas. A mí siempre me gusta poder tirar del humor para sobrevivir, pero el humor no puede ser una tapadera. Hay una cómica que habla de esto en un monólogo: Hannah Gadsby. Ella es muy lúcida y a mí me sirvió de mucho. Explica que, con su propio humor, se estaba haciendo daño a sí misma y creo que esto es interesante pararse a verlo. A mí la comedia siempre me ayuda, ya puedo estar en el peor momento de mi vida que para mí es una salvación. Estoy muy agradecida.

360 – Después de pasar por Francia, donde los actores y actrices tienen un contrato laboral que les permite estabilizarse como cualquier otro trabajador, ¿cómo ves la situación en España?

CM – Partiendo de la base de que nos dan de alta en el epígrafe de Hacienda de humoristas y toreros… Yo quería el epígrafe de excéntricos, ya puestos a poner nombres [risas]. Creo que estar en París me ayudó a ver que se podía vivir de esto y tenía la ilusión de vivir en una ciudad grande. Ahora bien, es verdad que allí hay un poco de soberbia. Los franceses tienen como una supremacía intelectual, te preguntan muy rápido qué haces y en qué trabajas y, si no les gusta, ya te puedes inventar otra profesión si quieres tener amigos.

Aquí en España, particularmente, tenemos que ir saliendo de la visión, como digo yo, del trabajo de 1996. Se puede vivir y trabajar de muchas maneras y hay que ir abriendo la mente. A mí en Francia me decían que era muy Almodóvar porque, aunque me miraban por encima del hombro por ser recepcionista, yo ya tenía miles de historias que contar. Imagínate todo lo que pasa en la recepción de un hotel parisino… Imaginaba que nos acabarían matando, como en las películas, que siempre matan a la recepcionista. Esa era yo. Y ya tenía mi ficción servida.

En aquellos años yo estaba mucho con La danza de la realidad [Alejandro Jodorowsky, 2013], mi mundo era jodorowskiano, así que me puse a seguir sus pasos y anduve bailando de un sitio a otro con esa energía de los 20 años, que eso sí que ya no sé si lo volveré a recuperar. Descubrí que había una formación de cabaret con Adolfo Simón, este señor venía de Madrid y trabajaba de forma muy potente, así que empecé a buscarme mis referentes. Después ya me matriculé en la Escola de Teatro de Narón.

360 – ¿Crees que la formación es imprescindible para ser un actor?

CM – Para mí la formación es la cuna. Yo en la escuela de Narón me pasaba muchas horas y eso te da una base, un aprendizaje. Ahora bien, no creo que un actor se haga sólo por la formación. Hay mucho coleccionista de títulos y eso no te convierte en actor. El actor se hace en el escenario. Lo que te hace actor es el trabajo. Recuerdo estar sola por toda Galicia, subiéndome al escenario en miles de sitios y, a veces, hasta pasar miedo. Creo que eso me ha dado mucha capacidad de improvisación.

360 – ¿Qué sientes cuando te subes al escenario?

CM – Para mí fue todo un proceso muy natural, no fue nada meditado. Basta que algo me diese un poco de miedo que yo ahí iba, Entonces, al final, todo se iba dando como un reto. Siempre he trabajado por enfrentarme a mi propio miedo. Después de ganar el concurso de monólogos ya me empezaron a llamar de toda Galicia y, de repente, me vi subida a un escenario cada fin de semana. Creo que si esto me pasara ahora me lo tomaría con más calma, necesitaría mis tiempos, eso ya fue otra etapa de la vida.

360 – Ganaste el concurso de cómicas de Luar al lado de Cristina Mariño y Sabela Amado Rojo, con 3DTrans, y luego hicisteis juntas el espectáculo Ride ride. Ya llovió mucho desde esta temporada, pero vuestro número juntas es un hit de risas aseguradas…

CM – Al lado de Cris y Sabela aprendí muchísimo, y yo me siento contenta, porque siempre que me presenté a algún concurso de comedia lo fui ganando. En concreto, con ellas nos hicimos tablas en la tele, que no es tan sencillo ponerte en modo comedia rodeadas de personal técnico que está trabajando. Allí no hay ningún feedback, te ves sin público. La tele tiene tela. Es muy duro. Ahí ganamos y luego empezamos con Ride ride, que fue una súper experiencia. Trabajar a su lado fue genial y aprendí mucho. 

Una actriz nunca termina de formarse, es todo un ensayo-error. Es aprender todo el tiempo. Ahora me estoy formando con la técnica Susan Batson, con la que entreno dos horas al día, y a la vez con Mónica Portillo. Esta profesión es para personas inquietas, exige mucha formación y constancia. El aprendizaje es infinito: es cuerpo, voz, guión… La formación es una forma de vida. La actriz y la persona van creciendo juntas.

360 – Con Lúa Gándara tenías el dúo Amargo Sueco. Ella es una de esas artistas multidisciplinares que pinta, canta, baila y, de repente, os juntasteis y os sacasteis un dueto antimusical que era divertidísimo

CM – Lo mejor es que Lúa y yo nos complementábamos muy bien. Ella no quería ser actriz y yo no quería ser cantante, así que ella me enseñaba cosas de música y yo de actuación. Lúa es ella misma una artista completa, ella me hacía crecer a mí y yo a ella también. Siempre me decía que trabajábamos mucho para lo poco que ganábamos, decía que era durísimo, que entre músicos era más fácil porque al menos se emborrachaban para crear. [Risas].

Lo cierto es que verse metidas en bares a horas nocturnas acaba siendo muy cansado, y eso que yo soy nocturna; pero si me desconecto del todo de lo cotidiano y ya solo me dejo ir a actuar de noche, pues es tremendo. A mí me gusta estar en Ferrol, aunque sea entrando y saliendo, pero yo estoy a gusto aquí. Aquí me paseo por Lobadiz y por las Ruta de los Sentidos, en Esmelle, y me reconecto con todo. Tengo que esforzarme en conectar con lo cotidiano para no encerrarme en lo mío todo el rato.

360 – ¿Cómo se vive de esto desde la periferia de la periferia?

CM – Se pasan muchos momentos de crisis y de precariedad. Por eso, después de acabar con Amargo Sueco, me replanteé de nuevo qué hacer. Es duro verte sin cobrar, pasando la gorra en los bares al acabar, y eso que a mí me encantan los espacios escénicos cercanos e íntimos. Fue una crisis el final de esa temporada.

De hecho, Fóra do mapa surge un poco de toda esa crisis. A mí me gusta Ferrol y tampoco me quería ir de aquí, pero quedarse también pesa. Hay mucha crítica y yo siempre reflexiono que la gente que ve esto feo y que no les gusta Ferrol seguramente no miren ni vean lo que veo yo. Para mí quedarme y apostar también fue un reto. Ferrol tiene una esencia y una nostalgia que a mí me encanta por más que le pese a la gente.

360 – Fóra do mapa fue una puesta en valor por el espacio urbano como espacio escénico y nos tiene encandilados a muchos que no hemos dejado de asistir desde que iniciaste en 2017, ¿cómo lo conseguiste arrancar?

CM – Yo siempre creo todo desde la ilusión y la niña que llevo dentro, y en ese momento coincide que Suso Basterrechea ]antiguo concejal de Cultura con Ferrol en Común] estaba preguntando a los artistas locales qué queríamos hacer. Yo le conté este proyecto y así empezó el festival, que lleva cinco ediciones.

A raíz del festival también me he topado un poco con los egos de los artistas y esto también fue un aprendizaje para mí. No puedo odiar el ego del artista porque algo de eso también es lo que me gusta y lo que soy. En Fóra do mapa la gente sabe que viene a un lugar que es una vuelta a la esencia, a lo pequeño, al acto creativo; con un público maravilloso, de todas las edades y entregado.

360 – ¿Cómo va evolucionando el festival?

CM – Para mí Fóra do mapa es una forma de conectar con lo que me gusta y también es una manera de tejer redes dentro de las artes escénicas. Era importante que tuviesen un espacio los artistas locales, ya que este festival es una apuesta por el valor y el talento desde casa; pero, a la vez, poder estar abiertos a lo que sucede fuera. Siempre hay gente que reconecta con Ferrol, como este año Carolina Garel, que viene de Francia, y ha vuelto a actuar en casa.

El festival ya es un ente por sí mismo, tiene su público muy cercano y es un regalo para la gente de aquí que consume cultura todo el año, que viven en este lugar y que se merecen una semana de escuchar otras historias, de vivir un festival y poderlo sentir tan cerca. No me interesa que crezca más, sino que conserve esta esencia tan bonita que se ha creado. Al final, la gente acaba sintiéndolo como algo suyo y eso es lo más importante. Para mí es como hacer un regalo al público de aquí porque nos lo merecemos.

360 – Dices que lo merecemos, pero ¿tú logras disfrutarlo como público?

CM – ¡Ay! Me preguntas esto y me emociono. Ahora toca aprender a disfrutarlo sin lo que conlleva el estrés de organizarlo. Pero vamos mejorando cada año. ¡Vamos mejorando!

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

En Ferrol360 utilizamos cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando, estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Puedes pinchar el enlace para tener más información. ACEPTAR
Aviso de cookies