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Margarita Ledo: «’Nación’ cuenta la organización de las mujeres para defender sus derechos»

Margarita Ledo retratada por Alicia Seoane

TEXTO Y FOTOS: ALICIA SEOANE| Ferrol | Miércoles 31 marzo 2021 | 14:51

Margarita Ledo ha sido profesora de muchos periodistas gallegos e ir a hacerle una entrevista hace que te sientas un poco como en el examen del carné de conducir. Es sábado y hace un sol que huele más a verano que a marzo, pero hoy las salas del DUPLEX Cinema se han llenado para ver el estreno de Nación.

Esto no es lo habitual en Ferrol en un día soleado, pero Margarita estaba presentando su última película y poder escucharla no tiene pérdida. Poeta, escritora, directora de cine, profesora y fundadora de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Santiago de Compostela son solo algunos de sus méritos entre un largo etcétera.

Nación es su última película de no ficción y todavía podrá verse el jueves 1 de abril a las 17:15 horas y el viernes 2 a las 20:00 horas, esta vez con la presentación de la cineasta ferrolana Chelo Loureiro. El filme de Ledo ha ganado el premio a la Mejor Dirección en el Festival de Sevilla y ha tenido muy buena acogida entre el público siendo un relato de la clase obrera femenina y del desmantelamiento industrial que viene sufriendo nuestro país en los últimos 40 años.

En Ferrol, que vivimos familiarizados con una clase obrera que lleva años pidiendo que se hagan barcos y reclamando un futuro para la comarca, el tema resuena muy familiar; pero en Nación la lucha obrera es femenina y no son buzos azules colgados los que representan la pérdida. Entramos en un mundo simbólico femenino dónde la represión y el dolor vienen de lejos.

FERROL360 – El título de la película, Nación, es una palabra repleta de significados y de connotaciones que despierta un imaginario muy particular según quién lo lea, ¿por qué la escoges para nombrar la película?

MARGARITA LEDO – Efectivamente, el título es una polisemia que va muy unida a la persona que lo lee. La primera cuestión que me interesaba era desmontar la idea patriarcal de nación y poder vincularla a un grupo de mujeres que aparecen de frente y que son fuertes. Me interesa la conjunción de la palabra con la imagen del cartel, donde las mujeres aparecen formando un solo cuerpo. La imagen de ellas volviendo a entrar en La Pontesa hace de ellas un cuerpo herido. Me interesaba la trasferencia de esta imagen al propio término de nación.

A mayores, hay una ironía pues estas mujeres no pueden ser nación porque se les han retirado sus derechos. Los derechos que se consiguen no son de forma continuada, si no que son de forma interrumpida. Luego si entendemos nación como una serie de derechos que garantizan la igualdad, evidentemente, ni en la historia de Galicia ni en la de las mujeres hay nación como tal.

Así que Nación es también un contrasentido a lo que no sucede en la realidad, pues estos cuerpos son de mujeres expulsadas del trabajo y convertidas o avocadas a ser de nuevo dependientes. Me interesan las diferentes lecturas que puede ir adoptando la película desde su propio título. La película es una obra que termina en el espectador, que es quien lo va desgranando e interpretando.

360 – Cuando hablamos de cuerpo herido al referirnos al grupo de extrabajadoras de La Pontesa volvemos un poco a conectar con algo de esa marca en el cuerpo de la mujer que parece que ya se ve en tu anterior película de Cicatriz Blanca.

ML – En la anterior película aparecía la mujer ligada al servicio doméstico, eran mujeres emigradas que servían en las casas. Estamos mostrando una imagen de la mujer vinculada a la casa. A la esfera doméstica. En esta película hay un salto a la esfera pública. También hay un paso del silencio que aparece en Cicatriz Blanca a un grito colectivo organizado. Hay un salir del silencio y de empezar a expresar el propio deseo.

En Nación salimos de un espacio cerrado a un espacio colectivo, que es el de la fábrica. Este salario o paga semanal que consiguen les ayuda a independizarse y ellas empiezan a organizar su mundo de asalariadas con otras cuestiones vitales como tener un economato o poder dar de mamar a sus bebés en unos horarios, porque ellas son conscientes de que tienen que ir ganando terreno para poder complementar estas esferas de sus vidas. Ellas se organizan para poder hacer lo que hoy diríamos conciliación. Estas son las primeras reclamaciones que irán cambiando con el tiempo.

Poco a poco van asumiendo responsabilidades en el comité de empresa. Ellas son las responsables de los parones que se hacían y todo esto las va llevando a tener presencia pública en las calles. Ellas son las que se solidarizan para frenar la creación de la AP-9, las que apoyan y se manifiestan en solidaridad con la huelgas del 72 de Vigo o con las protestas del cierre de otras fábricas textiles que cerraron antes que La Pontesa. Nación representa también toda la organización de las mujeres para defender sus derechos en la esfera de lo público. La colectividad organizada desde sus propios valores.

360 – En la película actúan actrices pero también aparecen las propias extrabajadoras de La Pontesa, ¿cómo fue esta relación?

ML – En la película hay cuatro actrices. Una de ellas es Eva Veiga, que es la mujer que tiene esta cicatriz en el ojo. Ella aparece un poco en el papel de la Esfinge. Si lo vemos un poco desde la mitología, ella es esa mujer que predice lo que va a suceder. Esta mujer que representa a la sabia, a la mujer respetada que es un poco visionaria. Participan cinco extrabajadoras de La Pontesa que son un conjunto y que aparecen como un cuerpo, y van enganchando las frases de unas y otras.

Pero lo interesante es que actrices y mujeres reales, en muchas ocasiones, aparecen como un cuerpo colectivo, sacando ciertos momentos puntuales. Por ejemplo, la escena donde se recita un poema —que además es de Eva Veiga, que fue premio de la crítica y es una gran poeta, son los versos de apagando a escuridade dos meus dedos—, ahí vamos hacia el final de la película, donde ya se recoge el legado femenino, donde al nombrar unas mujeres a otras hay una restitución de la memoria histórica de la mujer.

360 – En tus películas parece que se relacionan historias actuales con parte de nuestro pasado histórico en lo que tiene que ver con el exilio, la posguerra y la represión… ¿Hay algo autobiográfico en estas conexiones?

ML – Hay una parte de la película que tiene que ver con la poética del documento. Hay algo de lo que no se ve pero está, de lo que queda sin decir, de lo que subyace, del deseo. Esto es lo que hace que funcione la película, si no sería una película plana. Y ahí está mucho del imaginario y de las vivencias más personales.

Llegamos un poco a esa negación de la mujer desde la noche de los tiempos. Los sistemas de exterminación a la mujer son constantes, desde cuando se hacía pasando por lo físico como las quemas en las hogueras de las llamadas brujas donde se actuaba sobre el propio cuerpo hasta sistemas como expulsarnos del trabajo y dejarnos excluidas. El papel de las mujeres estaba programado para la procreación; es decir, la maternidad, el matrimonio y la religión. Por eso me interesaban también las imágenes de archivo de la Iglesia, porque en esto tuvo mucho que ver el papel de la Iglesia como institución.

Las mujeres hemos sido educadas en esa idea de histéricas o endemoniadas, o en esas frases de «calladita estás más guapa». Detrás de todo esto está el peso del silencio de nuestra historia y muchas de las vivencias que después relatamos las mujeres —inseguridad cuando tenemos que hablar o hacer algo en público, miedo a no ser válidas—, todas estas inseguridades nos pasan y las acarreamos desde hace siglos. Si me pongo a pensar en las veces que no me atreví a hacer algo, o que tuve que romper cierto mutismo a costa de sentir toda esta tensión… Pues claro que está la vivencia personal. Todo esto está detrás de Nación actuando en diferentes niveles.

360 – Nación frente a Estado: ¿Podría ser una lectura de Nación como un punto de vista femenino de entender las relaciones frente al Estado que es la forma masculina de entender el poder, apoyado en el capital?

ML – Esta película es anticapitalista si entendemos que el interés del poder es la defensa del capital. Es esto lo que hace que se cometan injusticias que van en contra de la nación. Si entendemos nación como la sociedad que se va organizando, que defiende valores como la justicia, la igualdad. A nadie se le ocurriría, por ejemplo, destruir valles enteros para meter embalses. Esta idea no es de la nación, es del capital.

Esta película es feminista, entendiendo que el ser feminista no es sólo una ideología que representan las mujeres sino unos intereses que también son los intereses de muchos hombres. Es una toma de posición. El feminismo, al liberarse, libera también al machismo… En la película aparecen momentos en los que las mujeres fueron en contra del juego que les hacen los hombres desde la patronal y ellas son las primeras en defenderse de ser suplantadas por hombres.

La trasferencia entre archivos que se ve en la película, de diferentes momentos por los que atravesaron otras empresas de la zona, va dando una lectura también de lo sucedido en la clase obrera. Me interesaba la lectura desde ese punto de vista femenino de saber reinventarse, la lucidez frente a la pérdida. La metáfora de ver algunos cuerpos que actúan pero que al mismo tiempo son lo que muestran, como es el caso de la escena final que interpreta Mónica Camaño, con la que llevo trabajando desde mi primera película Santa Libertade. Imposible conseguir la intimidad de la última escena si no fuera por esa complicidad.

360 – El sonido de la película llama mucho la atención, parecen testimonios que fuesen siendo trasladados de unas a otras, como un mantra coral…

ML – Sí, el sonido es un poco como las imágenes, que van pasando de unas a otras. Se van entrelazando las constantes de la película, que es una obra con una parte de construcción de documento y otra parte de reflexión histórica. El sonido y las imágenes se van ensamblando para ir creando ese doble discurso con la poética que lo acompaña. Si en Cicatriz Blanca el silencio era clave, aquí entramos en el grito colectivo, en esas imágenes de archivo de protestas, de manifestaciones. La mujer toma la palabra.

360 – ¿Cómo fue el proceso de recopilación de todo el material y la relación con las mujeres de La Pontesa?

ML – La idea era filmar a mi generación y filmarla desde el mundo del trabajo. Estas mujeres son contemporáneas a mí. La atracción por el espacio de la fábrica lo siento desde siempre, por su propia arquitectura y porque tengo recuerdos de comprar allí piezas de vajilla, y se te quedan estos recuerdos. Siempre tuve claro el título de la película: Nación; pero en un principio pensaba representar cómo se había filmado Galicia en el cine. Sin embargo, esto era imposible porque el precio de los archivos es impensable.

Así que un día, mirando un vídeo en una web que se llama Do gris ao violeta, del Concello de Pontevedra, me encontré con las mujeres de La Pontesa y sentí que la historia estaba ahí cuando veo en un vídeo a Nieves diciendo esta frase de «no trabajéis nunca gratis, por favor, ¡a la mierda!». Me fui a localizarla, a ver qué pasaba en este encuentro, y de ahí surgió todo. En la primera conversación teníamos muchos recuerdos de la misma época, así que se fue entablando una relación. Luego me coincidió con una vista a un juicio que tenían y me pude acercar a conocerlas, y al poco tiempo empezamos a filmar.

360 – ¿Cómo fue para ellas volver a entrar en La Pontesa?

ML – Ellas querían volver a entrar, pero también sabían que no tenían claro cómo les iba a dejar ese instante… Llegó un momento en el que trabajaron de forma muy generosa aceptando que entrarían si la película lo requería. Fue reparador para su memoria y, al salir de allí, ellas también cierran algo. Poder estar allí fue para ellas una liberación, un momento de cierre y de apertura.

Se puede verbalizar la crueldad de forma que libere, no quedándonos en lo violento sino en la posibilidad. Se pueden construir otras narrativas para construir nuestra historia propia. A mí me encanta Marguerite Duras y ella dice en una entrevista: «Todas fuimos instruidas en el dolor». Esto lo tenía presente, por eso en la escena final hay un acto poético para poder hacer más allá del dolor. Buscar en otras mujeres un sitio donde apoyar la cabeza. Y de ahí los últimos versos: «Para ser corpos en liberdade, incorporámovos. E sodes para nós un sitio onde pousar a cabeza».

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