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Rita Gutiérrez: «No entiendo por qué el amor se relaciona con algo cursi»

Rita Gutiérrez fotografiada por Alicia Seoane

TEXTO y FOTOS: ALICIA SEOANE| Ferrol |Martes 15 marzo 2022 | 13:05

Llevaba tiempo intentando coincidir con Rita Gutiérrez (Ferrol, 1990), pero el coronavirus nos ha ido poniendo la zancadilla a ambas. Aunque la pandemia parezca cosa del pasado desde que vivimos bajo amenaza nuclear, la conversación que mantuvimos y que ahora vais a poder leer fue previa a que el mundo volviese a entrar en colapso, si es que alguna vez hemos salido de él.

Rita acaba de cumplir 33 años y es una mujer que no se avergüenza de reconocerse en su parte más femenina. Creativa, inquieta y apasionada, es una artista multidisciplinar: ilustradora, grafista, fotógrafa. Su persona desprende cierto magnetismo y erotismo como si una de esas mujeres de los cómics que ilustraba cuando era adolescente la hubiesen envuelto a ella misma en un halo de misterio.

Preocupada por temas sencillos y a la vez complejos como el amor, Rita no ha dejado de trabajar y de abordar encargos editoriales de lo más dispares, todos ellos con éxito. Actualmente está trabajando como grafista audiovisual y podremos ver su trabajo para la serie A Private Affair que se estuvo rodando en Vigo en Con los años que me quedan rodada en Madrid. No para.

FERROL360 – ¿Cómo empiezas en el mundo de las artes plásticas?

RITA GUTIÉRREZ – La verdad que fue un poco lo típico. En clase era de las que dibujaba bien, los amigos siempre me pedían un dibujo. Luego me metí en el Bachiller de Artes con Suso Basterrechea, que tendrá mal recuerdo de mí porque no le hacía mucho caso. Yo iba allí con mis cómics de Milo Manara [un dibujante italiano de cómics eróticos] y me entretenía pintando esas mujeres.

Luego me fui a Salamanca a estudiar Bellas Artes, terminé en Pontevedra, y es ahí cuando mi parte más narcisista se da cuenta de que no dibujaba tan bien, había muchos que eran mejores que yo, así que en ese momento empecé con el gusanillo de hacer fotografía y audiovisuales. Por eso, al acabar me fui a Blank Paper, en Madrid, a estudiar fotografía.

360 – ¿Qué te interesaba del audiovisual en ese momento?

RG – Nunca me interesó la fotografía por el hecho de que fuese bonita como imagen fija, a mí me interesaba la imagen como construcción de historias, como palabra, que también es lo que me interesa ahora a nivel de ilustración: poder hacer algo más fílmico, narrativo. Ahora estoy trabajando en un novela, pero luego te lo contaré…

En esta época que estuve en Madrid estaba ahí con esa parte de ser artista. Andaba metiéndome en festivales, llevando mi porfolio a revisar. Ahí me di cuenta de que me gastaba mucho dinero en festivales y aquello era insostenible. Al poco tiempo, ví que me empezaba a salir trabajo en el mundo de la ilustración y fui combinando ambas facetas.

360 – Aparte de tu trabajo profesional a nivel personal, ¿cuáles son tus intereses?

RG – Hablando de fotografía, estuve construyendo un pequeño libro de imágenes de Ferrol, pero visto a nivel personal. Son 400 imágenes de un trabajo íntimo. Lo que pasa es que cuando es algo personal cuesta más sacar las cosas adelante, porque te tiene que gustar a ti primero y, como una va cambiando, pues parece que nunca acaban de convencerte del todo. Somos las peores juezas de nosotras mismas. Por eso es importante enseñarlos y compartirlos con gente de confianza.

A mí, aunque suene cursi, me interesan mucho las historias de amor, el sentimiento que surge del apego, del sexo, de las relaciones… Ahora estoy trabajando sobre una historia de amor interestelar, no puedo contar mucho más; pero, aunque suene ñoño, es muy triste que ya no esté permitido sentir amor sin ser relacionado con el mundo de Disney o como algo remilgado.

Yo, como mujer, pues sigo interesada en estos temas que nos mueven en lo emocional y en nuestro sentir. El amor hacia lo que nos rodea, desde nuestro lugar en el mundo. Ahora ando leyendo cosas que tienen más que ver con el amor como algo cósmico. Yo llevo sintiendo el amor desde que soy adolescente y es algo que me apetece y me gusta.

360 – He visto que estabas leyendo el libro Otro fin del mundo es posible, decían los compañeros de Jorge Reichmann, ¿estás en modo postpandemia?

RG – Bueno, este libro es un poco catastrofista, no sé si lo recomendaría del todo. Ahora estoy leyendo a Robert Lanza, que tiene una teoría sobre el biocentrismo y sobre la idea de que el espacio y el tiempo en realidad no existen. También a Carl Sagan. Estos autores me influyen mucho en esas historias de amor interestelares o en esa visión del amor como algo cósmico hacia lo que nos rodea en su totalidad.

360 – ¿En qué proyectos andas ahora metida a nivel profesional?

RG- Estoy trabajando cada vez más con editoriales. A la vez que estaba con las series, saqué el libro de Historias no camiño con la editorial Elvira, en la que hice las cubiertas y el diseño del libro. He estado trabajando en otros proyectos más pequeños con Miguel Toval, de Edicións Embora. Yo empecé haciendo libros para una editorial valenciana que se llama Learning by doing y allí estuve ilustrando cinco años y aprendí mucho de esto.

A mí me encanta los procesos de investigación, de documentarte sobre algo, vas generando como tu pequeño cuaderno de bocetos. Cuando andas metida en una idea parece que todo te va viniendo en el mismo sentido de lo que estás buscando, es algo mágico.

360 – Con Embora ilustraste el libro de Contrahistorias de Galicia que se llevó el premio a mejor libro ilustrado de Follas Novas, ¿cómo fue este proceso?

RG – Este trabajo fue un proceso muy bonito al lado de Antonio Reigosa, que hacía los textos. Miguel Toval me iba enviando los textos y yo iba entrando en el universo de esas narraciones. Me encantó el relato de los Merckel o el de los maquis gallegos, sobre todo el de Antonia Díaz Pérez, que es una historia de amor infortunada. Este libro tuvo un proceso de investigación complejo porque cada relato pertenece a una época histórica diferente.

Disfruté mucho ilustrando las cubiertas y las guardas o trazando los títulos de los capítulos, que aportan mucha información. El proceso siempre empieza en papel aunque acabe en un resultado digital, me gusta mucho bocetar en papel. Siempre me gustó dibujar y, a veces, casi me gusta más el boceto que el resultado final porque el inicio puede llevarme a otro lugar totalmente diferente que lo que termina siendo y esto también me resulta divertido. No saber a dónde te va a llevar ese primer trazo.

360 – Tu estilo desde este libro a hoy ¿ha ido cambiando mucho?

RG – Claro, yo he ido cobrando más confianza y sé lo que me gusta más. Mi trazo es más fino y orgánico. Me siento más cómoda haciendo esto y eso también se nota. Mis referentes a veces no vienen del mundo de la ilustración, me gusta hacer tomas de pantalla cuando veo películas y mirar encuadres, iluminaciones de ciertas escenas. También algunos arquitectos, como Hundertwasser, que me encantan sus fachadas y su color. A veces me han comentado que algunas de mis ilustraciones tienen un toque con las ilustraciones japonesas y también me gusta ese universo. Yo creo que mi estilo tira un poco a la psicodelia, pero mezclado con ornamento orgánicos.

360 – Con el tiempo se nota que vas ganando más libertad, ¿no?

RG – Yo siento que voy ganando confianza, pero vivir del arte es muy difícil. Ser artista libre es complicado. Por eso me gusta ir probando distintas cosas, porque eso me mantiene despierta y me divierte. Cuando empecé a trabajar estaba en el departamento de publicidad de una empresa de arquitectura de bioconstrucción; pero hacer todo el tiempo lo mismo en el mismo horario era algo terrible. Para mí es importante que me motive mi trabajo, por eso investigar distintos temas es importante. proyectos distintos que te van haciendo ver y aprender cosas nuevas. Intentar vivir así es un poco ir por la cuerda floja y lo más cansado es estarse mudando cada dos por tres.

A veces tengo ganas de estar en un lugar y me apetece estar en Galicia, aunque luego me vienen dudas. En fin, no es fácil elegir un sitio en el que establecerse cuando te has pasado mucho tiempo dando saltos de un lado a otro… Muchas veces he sentido envidia de ciertos amigos que se quedaron en casa de sus padres y han ido generando su obra propia. Yo siento que no he tenido tiempo todavía a hacer mi obra. Al final, es importante trabajar, pero ahora tengo ganas de seguir profundizando en mi propio lenguaje e ir creando más allá de lo que me piden a nivel profesional. Ahora tengo ganas de ponerme también con esta parte más mía, siento que es un buen momento.

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