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Rodrigo Cuevas: «Volvemos a lo tradicional desencantados con la globalización»

Cuevas en la prueba de sonido antes de su concierto de este sábado (foto: Alicia Seoane)

TEXTO Y FOTOS: ALICIA SEOANE| Ferrol | Lunes 22 febrero 2021 | 21:06

Rodrigo Cuevas es un músico asturiano que nos transporta al mundo de la música tradicional con letras contemporáneas y sonidos sintetizados. Un artista que hace de puente entre dos mundos, con un toque personal de petardeo y humor que te atrapan.

Este pasado sábado pudimos verlo en el Jofre —donde colgó el cartel de no hay entradas—, y robarle unos minutos mientras ensayaba. Sin su particular vestimenta y todavía en chándal me recibe en su camerino. En un par de horas lo veremos en el escenario y tengo la impresión de que su puesta en escena no va a dejar al público indiferente.

La última vez que lo vi actuando fue en las Meninas de Canido. Él tenía un dúo musical con Lúa Gándara —una genia multidisciplinar que lo mismo canta, que pinta o que hace monólogos— y se llamaban La Dolorosa Compañía. Mezclaban copla, punk y música electrónica con peinetas y Rodrigo bailando en calzoncillos.

Las señoras de Canido estaban eufóricas bailando aquello de rumore químico, fórmula mágica y, con ellas, el resto del público, de distintos sexos y edades, ¡todas entregadas! Hoy su música suena muy diferente, pero su presencia aun tiene algo de aquel Rodrigo: «Yo aprendí mucho con La Dolorosa. Aprendí del juego. Lo que es jugar con el público, no tener miedo a la adversidad. Y esto luego lo fui usando en mis espectáculos. Cogí ese petardeo, el humor y la fiesta, no sentir vergüenza».

El espectáculo con el que está girando por todo el país es Trópico de Covadonga. Cuevas aparece entre el público y sube las escaleras, todavía con la mascarilla puesta. Sin cortarse un pelo pide un aplauso. Su entrada lo merece. Suena entonces Muerte en Montilleja, una canción que pone la carne de gallina.

Morirse siendo queridooo,
qué hermoso sería morirseee.
Morirse siendo queridoooo,
pero qué amarga es la muerteeee
cuando la muerte es olvidooo.

Rodrigo descubrió el folclore mientras estudiaba en Barcelona. Al terminar, se viene a vivir a Galicia y es aquí donde conecta con este mundo desde su propia realidad: «Mis vecinas tocaban la pandereta así, de forma natural, de cuando se tocaba para el baile, y esta relación con las pandereteiras fue la mejor escuela de folclore que pude conocer». El pueblo en el que vivió es Trebello, en la provincia de Pontevedra, y Xandre Outeiro el maestro que daba clases a estas mujeres. Allí Rodrigo empieza a descubrir la raíz de la música tradicional.

Su álbum Manual de Cortejo está producido por Raül Refree, productor de artistas como Rosalía —a quien también acompañó a la guitarra antes de El Mal Querer—, la fadista Lina o Lee Renaldo. Con él hace un viaje por Asturias y se encuentra a maestras del cante como Gelita Caneiro y Gelita Cabanon, dos referentes en su música: «Son mujeres que llevan cantando en sus aldeas toda la vida. En realidad, a mí lo que me gusta es aprenderme las canciones para ir conociendo el repertorio. Luego, algunas cosas se usan directamente en las grabaciones y otras las memorizo».

La relación entre el mundo tradicional y el mundo actual es un puente en la música de Rodrigo Cuevas, pero con una nueva temática. Un ir y venir de dos mundos más cercanos de lo que nos parece. «En el folclore no hay pretensión de cambiar nada, el artista no se considera a sí mismo un artista y es más una expresión pura. Las letras son más machistas y homófobas. Yo creo que el folclore tiene que representar la sociedad en la que se crea, por eso a mí me gusta meter letras mías, también relacionadas con mi realidad».

Parece que hay una vuelta en la música hacia la recuperación tradicional, muchos músicos están volviendo la vista atrás. Vemos artistas como Ortiga, Xabier Díaz o Los hermanos Cubero, que acaban de sacar un tema con Christina Rosenvinge. Parece que algo está pasando. «Siempre hubo personas que siguieron trabajando en el mundo de la música tradicional. Ahí esta Mercedes Peón, que lleva muchos años; pero entre los 80 y los 2000 se renegó mucho de la tradición, y ahora está habiendo todo un movimiento de vuelta al pasado porque, quizá nos hace sentir pertenencia, arraigo, como una generación de desencantados con la globalización».

Aunque muchos en Asturias le llaman el Freddie Mercury asturiano, esta comparación no le hace mucha gracia. Parece que lo único que quizá tengan en común es el I want to be free y el desparpajo en el escenario. Viéndolo actuar, Rodrigo Cuevas no necesita comparaciones.

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