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Rosa Millán: «El feminismo es la política de las mujeres»

Rosa Millán por Alicia Seoane

TEXTO Y RETRATOS: ALICIA SEOANE | Ferrol | Miércoles 25 noviembre 2020 | 12:47

«Acoger el propio deseo y hacer realidad lo que para cada una tiene sentido acaba siendo rentable, tanto a nivel personal como comunitario. Poner el ser mujer en el centro, el amor a la vida, a las relaciones y el cuidado en la base de lo que hacemos. Esta es mi manera de entender el trabajo con mujeres y es mi forma también de hacer política».

Estas palabras de Rosa Millán García (Ferrol, 1945), la que fuera coordinadora de la Casa da Muller, cobran especial relevancia en un día como este en el que se pone de manifiesto el rechazo de la violencia hacia la mujer en sus múltiples manifestaciones; pero no está hecha en estos días. En realidad, es fruto de un encuentro anterior porque, a veces, el tiempo nos devuelve a nuestros orígenes.

Pretende este texto ser un tributo a todas esas mujeres que, como Rosa, han sido precursoras y han abierto camino a otras visibilizando lo que muchas veces a a nosotras mismas nos cuesta ver. Ella es una de esas que sabe de su propio deseo, su palabra desborda pasión y confianza en lo que dice.

Ella es una mujer de la época en la que la palabra todavía tenía un valor y se creía en la política como forma de transformación social. Orientada por su propia pasión, por su creencia en lo municipal como forma de desarrollo local y personal. Alejada del espectáculo político y de las polémicas estériles. Escucharla es una vuelta a lo esencial.

Habla de la política de las mujeres, de la libertad femenina; sin embargo, en el mundo en el que vivimos es necesario descifrar qué decimos cuando se dice que «es rentable poner en el centro de las intervenciones sociales ser mujer». Recuerdo mi primer año en la Casa da Muller, cuando comencé a dar formación en Fotografía. Al empezar a trabajar allí había una pregunta clave para Rosa: «¿Por qué quieres impartir este taller?».

Ella te escuchaba con la mirada chispeante y sabía leer en las palabras de las mujeres que íbamos allí dónde estaba su deseo. Ese amor que mostrábamos por lo que proponíamos nos abría la puerta para compartirlo con otras mujeres a través de esa actividad. En la Casa da Muller el deseo circulaba, por eso Rosa dice que es rentable, porque garantizó el éxito de participación de las mujeres en todas las actividades.

Mi primera exposición fue en esta Casa. Pregunté a muchas mujeres, también de mi propia familia, qué era para ellas ser mujer. Ninguna respuesta coincidía. Luego descubrí a Lacan —psiquiatra y psicoanalista francés—, con otra frase que también habrá que contextualizar: «La mujer no existe». Y claro, no existe una mujer válida para todas, ninguna hablamos de lo mismo que las otras cuando decimos mujer. El enigma de lo femenino es algo que nos interpela, es un enigma que resolvemos cada una como podemos. Algunas orientadas por el deseo, otras por la intuición, y otras dando palos de ciego…

Rosa habla de las mujeres, pero también del simbólico femenino, y eso lo traslada a todo lo que hace. Después de la primera oleada de COVID, remarca lo importante en este contexto tan vulnerable: «Ver cómo ante una situación de emergencia sanitaria, lo único que funcionaba, que nos ha sostenido, eran los servicios esenciales, que son todos del orden de la vida y el cuidado. En ellos también las mujeres estaban en primera línea. Enfermeras, personal de asistencia, cuidado a personas mayores, trabajadoras de supermercado… Todo lo que nos ha sostenido es del orden simbólico de la política de las mujeres».

«La política del cuidado es darle valor y reconocer económicamente la importancia de esos trabajos esenciales. Vivimos un momento en el que hemos tomado conciencia de la interdependencia entre las personas y de estas y la naturaleza. Tenemos que volver a poner la vida en el centro de la política, de lo económico. Es de vital importancia en un momento como el actual seguir buscando las formas de apoyarnos para seguir compartiendo. Buscar la forma para que siga circulando el deseo y la vida».

Rosa Millán hizo carrera de fondo, pasó por la política municipal en el Concello de Ares, en la segunda corporación democrática tras la dictadura. Su orientación siempre fue la misma: poner en el centro la convivencia, el cuidado, el respeto por el origen, la memoria local, dar continuidad de los proyectos… Desde apagar un incendio, convencer por la conservación de los árboles, hasta recuperar una tradición como el Voto de Chanteiro. La política municipal es una vía que a ella le ha apasionado: «Creo que es desde el contexto local donde mejor se puede hacer la política más verdadera porque se trabaja en proximidad con las personas, sus necesidades, y se puede llevar a cabo proyectos que contribuyen a mejorar la vida. Eso es ponerla en el centro».

«Para mí el feminismo es la política de las mujeres y cuando se pone la vida en el centro es inevitable no hacer visible la aportación de las mujeres que, durante siglos, sostuvieron la vida: la gestión en el hogar, la atención y la crianza de los hijos, el cuidado a los mayores. Poner en valor el papel que jugaron en la historia local, dónde y cómo han participado, y hacerlo visible. Y ese reconocimiento de unas hacia otras es un paso políticamente importante porque así se puede salir de la competición, puede librarnos de ser enemigas. Y desde ahí construir, tender puentes».

Como Rosa explica, «es importante hacer política honrando el origen, honrar a nuestra madre, a las otras… Con ese compromiso de no destruir. Saber dar continuidad a lo que se viene haciendo. Trabajar con ese respeto, con esa intención hace que el desarrollo local sea sostenible y rentable». Ella lo muestra con su experiencia profesional porque durante más de una década trabajó como animadora sociocultural en el Concello de Cabanas que, dice, «es un espacio para la convivencia».

«En aquel momento la creación de grandes espacios para la cultura estaba en auge. Crear un espacio de encuentro único no tenía sentido. Hablamos de una población dispersa, rural, en la que muchas mujeres no tenían la posibilidad de desplazarse. Partiendo de esa realidad, era necesario recuperar pequeños espacios infrautilizados que existían en las parroquias para convertirlos en puntos de encuentro con un reto: mejorar la vida de las mujeres, su vivencia corporal y fomentar las relaciones entre ellas a la vez que se recuperaba la historia y la memoria local. Lo conseguimos. Durante nueve meses al año existían unas 32 escuelas municipales y en ellas participaban más de 600 personas de 6 a 85 años, el 85 % mujeres, y en esa relación surgían viajes culturales y otras actividades. Algo innovador en un municipio de 3.200 habitantes si pensamos en la fecha que fue en la última década de los noventa y los primeros años de los 2000».

El proyecto funcionó y diez años más tarde, en Cabanas tenían una guía turística, su propio escudo. Se recuperó la romería de Santa Marta —donde antiguamente se realizaba la ceremonia del Ceropo— también un festival de recuperación de danzas y cantigas con la participación de toda la comunidad y con muestra de artesanía, degustación de productos de la zona… Una fiesta que no solo era una recuperación de la tradición, sino que ayudaba a impulsar el desarrollo local, la hostelería y el turismo que era también una puesta en valor de la identidad del municipio. La realización de este proyecto tuvo para Rosa un reconocimiento académico inesperado cuando en 2001 la Universidad la habilitó como educadora social.

«Con la premisa y la certeza por lo vivido profesionalmente de que poner la vida en el centro, posibilitar un espacio de encuentro para las mujeres con ellas mismas y con otras, con su deseo y su creatividad, es rentable en 2004 empecé a trabajar como animadora sociocultural en el Concello de Ferrol. ¿Por qué no, una Casa para las mujeres en Ferrol? En estos años la Concejalía de la Mujer no existía como tal, estaba dentro de la Concejalía de Bienestar Social. Gracias a mujeres como Sari Alabau, más tarde Beatriz Sestayo, que entendieron el alcance político de esta propuesta, se hizo realidad».

El reto en Ferrol, recuerda, «era no competir con las actividades que se venía haciendo en cada asociación de mujeres de forma independiente, respetar su formas de trabajo, la oferta de las actividades de la Casa debían diferenciarse, enriquecer la oferta existente y a la vez poder contar con un espacio común para todas. Otro reto era salir de la precariedad de los servicios de atención a las mujeres y pasar a un edificio donde se pudiera atender todas las demandas de mujeres: el Centro de Información a la Mujer (CIM) y, en la planta baja, un espacio de encuentros, talleres y formaciones para generar redes entre ellas y fomentar su desarrollo personal, su salud, su creatividad… Todo ello impartido por mujeres».

Otro hito de su intervención en Ferrol han sido tres trabajos de investigación que visibilizan y ponen en valor a las mujeres de la ciudad. Ferrol en femenino fue muy innovador a nivel nacional y se acabó convirtiendo en una de las primeras rutas turísticas de mujeres fruto del trabajo que se hizo en los talleres Del femenino singular el femenino plural indagando en las vidas de todo tipo de mujeres para ir trazando sus aportaciones a la ciudad.

En total se hicieron tres publicaciones: la primera con dos rutas turísticas que incluyen 384 mujeres. La segunda, Os primeiros pasos da educación en Ferrol, es un homenaje a las primeras escuelas y recoge los nombres de más de 200 maestras y las direcciones de sus aulas. Finalmente, Ferrol en Femenino III: Mulleres das novas artes e as fermosas letras, una guía de ferrolanas de todas las manifestaciones artísticas para visibilizar este patrimonio cultural. Unas ochenta de las que más de la mitad pasó por la Casa.

Rosa Millán, ha dejado una huella en la ciudad, en todas las mujeres que pasamos por aquella Casa, que participamos en talleres o los impartimos. Entendiendo que el ser mujer y el habitar nuestro deseo implica el respeto al de las demás. El apoyo entre nosotras, poniendo lo que es esencial para la vida en el centro de nuestro trabajo y de nuestro ser. Un día donde la violencia es la palabra más nombrada en toda la prensa, rescato esa frase que ella repite: «Poner en el centro la Vida, es poner en el centro el Amor». Un buen antídoto contra la violencia.

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